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Enfermedades en Amércia precolombina

Publicado por Ramón Contreras

Se oye muhco que en la América precolombina no había enfermedades y que las gentes del lugar vivían en cierta armonía con la naturaleza antes de la llegada de los conquistadores. Sin embargo, esta visión romántica responde más al gusto por el pasado que ya se resumió en la frase”cualquier tiempo pasado nos parece mejor”. En su momento los cronistas nativos y durante varios siglos dejaron por escrito que antes de la llegada de los europeos la vida era diferente. Las pruebas actuales de la paleobiología y la historiografía parecen revelar otra escena muy diferente. El estudio de los huesos de Teotihuacán, revelan que la ciudad tenía una tasa de mortalidad similar o mayor a la de ciudades europeas contemporáneas.

La tuberculosis, una de las enfermedades más antiguas de la humanidad, parece haber afectado tanto a los pobladores americanos como a los euroasiáticos. Esta enfermedad parece que se empezó a propagar por el ser humano hace unos entre 15.000 y 22.000 años. En el continente americano hay pruebas de sobra para validar que sus moradores ya la padecían. Tanto a nivel biológico como en referencias artísticas a la enfermedad o a los cuidados de los enfermos. Otras enfermedades que también se han podido identificar en los escasos restos que han perdurado 500 años para realizarles análisis encontramos el tifus, cuya primera descripción en el Viejo Continente data de 1489, en el reino nazarí de Granada.

Si bien la sífilis puede no ser del todo de origen americano, es indiscutible su presencia en el continente. Si que se ha establecido que en América existía la borreliasis, causada por una cepa diferente que la africana y transmitida por una garrapata autóctona. Existe registro de ella pues afectó a los españoles cuando arribaron a aquellas costas. También el tifo exantemático o simplemente tifus -causado por una rickettsia- fue recogido en crónicas precolombinas y afectara a los territorios de Nueva España durante años en oleadas que no se corresponden con una enfermedad emergente en el lugar.

Los parásitos externos que han podido hallarse en pertenencias de aquella época y las referencias que los primeros españoles hicieron de la flora y la fauna americana han sido de gran valor para determinar que sí existían especies transmisoras de enfermedades, tales como garrapatas y ixodidas o garrapatas americanas duras, pulgas y pulgas de arena, piojos, ácaros o mosquitos. Pero también tábanos, hemípteros, flebotomos o triatomas propios del continente. Si bien es verdad que el mosquito Anófeles, principal vehículo de varias enfermedades y originario de África no se encontraba en América, otras especies como la de la mosca tse-tse si que aparecen. No hay que olvidar los parásito internos. Oxiuros, filarias y solitarias se han encontrado en restos de deposiciones humanas.

Además de todas estas enfermedades en muchos restos pueden apreciarse las marcas que deja en los huesos la desnutrición y la guerra. Ambos efectos en la salud de los indígenas americanos están presentes de forma muy patente en los restos estudiados. En conjunto todos estos datos, que no una pequeña muestra de la gran cantidad de evidencia sobre el tema, indican que la sanidad precolombina no estaba exenta de baches como se ha querido hacer creer durante siglos llevados por la idea filosófica ya presentada en Europa a raíz del contacto con los indígenas americanos del “buen salvaje”.

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