Biología

La microbiota o flora vaginal

Publicado por Ramón Contreras

El cuerpo de los seres vivos de gran tamaño está recubierto por microorganismos que se han adaptado a vivir sobre ellos. A este conjunto de seres microscópicos, bacterias y hongos principalmente, se de denomina de forma general como biota o microbiota, y de forma popular como flora. No solo la piel es el lugar donde viven estos organismos. Todas las mucosas están colonizadas por estos organismos. Las especies que viven en cada una de las mucosas o en la piel, pelo, plumas o escamas es diferente y varía no solo con la especie, sino con la edad o la localización geográfica. Las microbiotas que más se han estudiado son las de la piel y la intestinal. Aunque también se están dedicando esfuerzos a conocer mejor la biota de otras mucosas como los ojos, el tracto respiratorio (boca y nariz) y la vagina.

En interior del aparato reproductor femenino es una región con unas condiciones muy cambiantes y que durante una parte del ciclo menstrual está inundado de un caldo de cultivo muy nutritivo e ideal para el crecimiento de muchos organismos, la sangre. Si bien la infección es algo que puede pasar, lo normal es que la propia flora vaginal se autorregule. Tan solo cambios de pH, temperatura o el uso de antibióticos podrá alterar el equilibrio entre los diferentes habitantes.

En general las bacterias que encontramos en la mucosa vaginal son las mismas especies que las del sistema digestivo. Es por ello que se cree que el tracto intestinal puede funcionar como un reservorio para la flora vaginal y también para sus patógenos. Sin embargo, hay que puntualizar que las proporciones de cada especie no son las mismas en la vagina que en el intestino.

Las bacterias de la biota de una vagina sana incluyen especies de unos 20 géneros bacterianos, siendo varias especies del grupo Lactobacillus las que se encuentran en mayor proporción. Un grupo especializado en controlar el pH de su medio para evitar la proliferación de otras bacterias. Las especies más frecuentes son L. crispatus, L. gasseri y L. jensenii, y en menor frecuencia también encontramos L. iners y L. vaginalis. Ninguna de ellas causa infecciones. De hecho, su presencia previene la colonización de bacterias del género Candida spp., principales causantes de bactericemias o la proliferación de otros componentes normales de la flora como Gardnerella vaginallis, que si crece descontroladamente puede causar vaginitis, cervicitis o llegar a causar infecciones sistémicas, en los casos más extremos. Se ha observado que los Lactobacilos se pueden unir a varias proteínas y glúcidos de la mucosa a pH ácido, formando una biopelícula que impediría la adhesión de otras baterias potencialmente perjudiciales. La mayoría de bacterias y hongos nocivos no pueden crecer a pH 4. Además, se ha comprobado que L. crispatus o L. jensenii (especies minoritarias en el intestino, pero todo lo contrario en la vagina) producen una cantidad especialmente alta de agua oxigenada (un potente bactericida) que también contribuiría a detener a otros competidores.

Otros géneros que encontramos y que son ampliamente conocidos son Streptococcus, Corynebacterium, Escherichia, Klebsiella, Proteus, Mycoplasma, Ureaplasma, Atopobium, Clostridium, Bifidobacterium, Peptococcus, Propionibacterium, Eubacterium, Bacteroides y Prevotella.

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