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Para qué sirven los lípidos

Publicado por Ramón Contreras

Los lípidos son una de las tres moléculas orgánicas indispensables para la vida. Juntamente con los hidratos de carbono y las proteínas forman, a grandes rasgos, todos los elementos que contienen las células. Durante la evolución los lípidos han jugado un papel crucial en la aparición de la vida. Las primeras formas de vida se cree que emplearon las propiedades de los lípidos para generarse, puesto que los lípidos de forma natural se agrupan formando estructuras esféricas separando el interior del exterior acuoso. Las características de este tipo de moléculas, las cargas electromagnéticas que presentan en su superficie, hacen que los lípidos sean sustancias polares, tienen carga neta y por lo tanto repelar al agua, que es apolar.

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De esta cualidad se benefician los seres vivos para establecer mediante el uso de membranas lipídicas, separaciones entre sus compartimentos. Una muestra de lo útil que es la separación en compartimentos de la célula lo tenemos en el paso de procariotas (sin núcleo) y eucariotas, donde el material genético se haya separado del citoplasma por una envoltura membranosa. A raíz de esta especialización encontramos otros ejemplos, como el retículo endoplasmático, las vacuolas o las mitocondrias y los cloroplastos ni más ni menos.

Además los lípidos son utilizados por esta misma cualidad de separar el contenido del interior del exterior, en el transporte de sustancias en los organismos superiores. Los eucariotas, cuyas células son de mayor tamaño que las procariotas, cuentan con un sistema de transporte interno entre el retículo endoplasmático y todos los orgánulos celulares que se conectan mediante vesículas de bicapas formadas por fosfolípidos que transportan sustancias desde un lugar hasta otro. Las células del sistema nervioso además, le dan un uso concreto y vital para el sistema nervioso y la transmisión del impulso nervioso. Utilizan vesículas formadas por fosfolípidos para transferir de una neurona a la siguiente los neurotransmisores que excitaran a la siguiente neurona. En el espacio sináptico entre las neuronas hay un transporte de vesículas y de receptación del neurotransmisor para formar nuevas vesículas constantes.

En términos más macroscópicos, el torrente sanguíneo cuenta con millones de vesículas formadas por lípidos que transportan proteínas y lipoproteínas por todo el organismo. Nos referimos a los HDL, VDL y quilomicrones, de los que puedes leer más en sus artículos aquí, aquí y aquí respectivamente (próximamente). Estas vesículas viajan libres por el torrente sanguíneo sin control celular concreto.

Pero no solo como método de ordenación de la célula o para el transporte de sustancias son empleados los lípidos. Las moléculas de este tipo son empleadas también como reserva energética, en forma de grasa. Una vez más la capacidad de las grasas para repeler el agua hacen que sean éstas y no los azucares o las proteínas (más energéticos) como sustancia de almacenamiento. Esto es debido a que las proteínas y los hidratos de carbono necesitan una gran cantidad de moléculas de agua, por cada una de ellas, para poderse almacenar, mientras que los lípidos apenas necesitan agua para su almacenamiento. De esta manera el volumen corporal y el peso disminuyen respecto al hipotético caso del almacenamiento de azúcar por ejemplo.

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