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Mendel, Darwin y la importancia de la difusión científica

Publicado por Ramón Contreras

Los trabajos de Mendel en guisantes son uno de los puntos claves de la genética. Es posible que sean la base de todo lo que vendrá después y una de las bases de la biología y del proceso de entender como funciona la vida. Que las características del padre y de la madre se ven reflejadas en los hijos, al menos una mezcla de las características de ambos, es algo que ya se comentaba en la antigüedad en todas las culturas. La hibridación de especímenes para conseguir características concretas lleva haciéndose desde el principio de los tiempos. El aporte crucial, de Mendel, fue encontrar una pauta matemática para el paso de las características heredadas. Estas leyes las sintetizó en las 3 leyes de Mendel de las cuales ya hemos hablado largamente aquí, aquí y aquí.

Mendel (aquí su biografía) realizó un trabajo exhaustivo y descomunal con una gran cantidad de datos. Empezó sus trabajos en 1851 y finalmente en 1865 los presentó en la reunión de la Sociedad de Historia Natural de Brünn en 1865 y salieron publicadas en las actas de la sociedad al año siguiente bajo el nombre “Experimentos sobre hibridación de plantas”. En su trabajo no se hablaba de genes, alelos y fenotipo sino de elementos y caracteres. Pasarían 40 años hasta que alguien usase las palabras adecuadas para entender sus trabajos.

Por otra parte, C. Darwin publicó su famoso libro “El origen de las especies” durante 1859 en Inglaterra, tras más de 20 años de estudios, viajes por los océanos del mundo y comprobaciones en los pinzones. Aunque están separados en el tiempo por tan solo 6 años, ninguno de los dos llegó a poder ver el trabajo del otro. Por un lado, el libro de Darwin fue denostado por la comunidad científica inglesa y tardó bastante en ser aceptado como ciencia. Por su parte Mendel publicó sus trabajos, de 6 años de estudios en Alemania y en alemán, obviamente.

Ambos autores realizaron trabajos soberbios que darían las bases para más de 200 años de avances en ciencia. Sin embargo, ninguno llegó a consultar los trabajos del otro. Posiblemente, los problemas de Darwin y las caricaturas de monos se hubieran acabado si hubiera tenido acceso a los trabajos de Mendel. Hay que recordar que Darwin publicó su trabajo de forma conjunta con otro de los grandes padres de la genética y posiblemente de los más olvidados, Alfred Russell Wallace. Cuando Darwin estaba a punto de acabar su libro, Wallace le pasó una copia de su trabajo. Ambos habían llegado a las mismas conclusiones desde observaciones diferentes. Eso fue uno de los acicates que llevó a un dudoso Darwin a publicar sus trabajos.

Si hubieran unido sus experiencias y sus mentes quién sabe los avances que hubieran hecho en genética que no se realizaron hasta 40 años más tarde. ¿Estaría la genética y la biología 40 años adelantada de ser así? Es por cosas como esta que la ciencia debe poderse compartir libremente y debe traducirse a todos los idiomas posibles para soslayar cuantas más barreras mejor al conocimiento.