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Accidentes nucleares y vida salvaje, Chernobyl y Fukushima

Publicado por Ramón Contreras

El accidente nuclear de Fukushima estremeció al mundo entero. 10 años después las noticias sobre la supuesta intención del gobierno nipón de verter al océano más material contaminado ha hecho saltar las alarmas de las naciones que tienen intereses marítimos en el Pacífico. En Europa todavía recuerdan la desgracia de Chernobyl, en la que también hubo un escape de material radiactivo. En este aspecto en ambos accidente se ha creado un área de exclusión humana. Toda la población en más de 50 km a la redonda fue evacuada de Chernobyl y de 30 km en Fukushima. Aunque cabe recordar que al principio se desalojó hasta los 800 km cuadrados alrededor de la central japonesa hasta saber con certeza el alcance del desastre.

Estas áreas de exclusión humana han resultado ser a todos los efectos grandes parques naturales donde la vida salvaje a proliferado. Tras 35 años de Chernobyl son muchos los estudios que se han hecho sobre la vida salvaje y como ha regresado allí y es que estas zonas sin humanos son mucho más grades que cualquier parque natural o reserva de la biosfera que hayan declarado nunca los gobiernos.

Después de todo este tiempo se sabe mucho mejor que efectos puede tener una exposición a la radiación. La mayoría de experimentos de laboratorio anteriores a los accidentes habían contado con exposiciones de poco tiempo a altas radiaciones, mientras que en estos sitios pasa todo lo contrario, la radiación es baja, pero la exposición es de por vida.

La mayoría de estudios realizados en estas localizaciones tienen en cuenta dos tipos de materiales radioactivos. Los de rápida desionización, como el yodo, y los que emiten radiación durante más tiempo pero en menor cantidad, como el radiocesio.

Tanto en un sitio como en otro tras unos años la vida salvaje no solo ha vuelto, sino que especies qque hacía más de 100 años que no se veían han encontrado de nuevo su sitio. En Chernobyl son los lobos y en Fukushima los jabalís, cada una en su sitio estas especies han resultado tener poblaciones mucho más altas de lo esperado. Demostrando que la ausencia de humanos es un factor muy limitante a la vida salvaje.

Aunque en general no se han visto efectos negativos de la baja radiación en la mayoría de las especies, no se descarta que los haya, solo que la ausencia de humanos parece ser más determinante para la vida que no un dolor de cabeza crónico. En otros aspectos, no se ha visto efecto negativo por ejemplo en la calidad del semen de jabalís, un tipo celular muy propenso a los errores de meiosis debido a la radiación. Por el contrario, en Chernobyl, donde han pasado más generaciones para muchas especies, se han visto ciertas adaptaciones positivas a la vida en un ambiente con mayor cantidad de radiación. Este es el caso de una rana, denominada de San Antón oriental, que ha cambiado la coloración de su pelaje, oscureciéndolo. Se cree que la melanina, conocido protector de las radiaciones lumínicas ultravioletas y causante del oscurecimiento de la piel, podría estar también deteniendo parte de las radiaciones. En este aspecto se conoce un hongo que vive en centrales nucleares que usa un mecanismo de adaptación similar.

No sabemos cómo afecta a largo plazo a la viabilidad de las poblaciones la exposición a las bajas radiaciones de forma crónica. Pero los datos actuales parecen indicar que la adaptación a estos nuevos entornos está teniendo lugar.

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