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Decálogo del restaurador de ríos

Publicado por Victoria González

A continuación se ofrecen diez consejos a tener en cuenta cuando se aborda la restauración ambiental de un río.
1. Si la causa de la perturbación no ha cesado, la restauración no es viable: por ejemplo, en la cola de un embalse no hay vegetación de ribera debido a las fluctuaciones del agua. En esos casos, todas las actuaciones serán “maquillaje”.

2. Cada río es diferente y cada tramo es diferente: el río se suele percibir como un continuo, pero tiene muchas transiciones bruscas.
3. Hay que hacer un diagnóstico en el campo: cuando un río se desequilibra, empieza a sufrir cambios en su comportamiento que sirven como indicadores de que existe una perturbación.
4. Hace falta una referencia: en Europa, la mayor parte de los ríos están canalizados, y hay pocos referentes naturales. Se puede tomar como referente el mismo río y hacer una reconstrucción histórica, teniendo en cuenta las redes hidrológicas, datos de calidad de aguas, datos pluviométricos, análisis cartográficos, estudios polínicos y referentes teóricos.

5. Hay que promover la heterogeneidad espacial: por ejemplo, en los tramos medios de los ríos hay elementos geomorfológicos: islas, meandros, lagunas, marjales y conos de desbordamiento. Para acondicionar el espacio se puede jugar con muchos aspectos:
– Conductividad hidráulica: la velocidad de las corrientes afecta a su vez a la concentración de oxígeno disuelto.
– Sedimentos: granulometría, permeabilidad, carga sólida y turbidez de las aguas.
– Materia orgánica: recubrimiento de hojarasca y restos vegetales.
– Nivel freático: cuya altura estructura la zonación de los vegetales.
– Composición química: calidad de las aguas, composición y pH del sustrato.
– Nutrientes: reciclaje y disponibilidad de nitrógeno y fósforo.
– Profundidad: relacionada con la segregación entre refugios, áreas de cría y comederos que requieren las especies animales.
6. Hay que promover la heterogeneidad temporal: en un río, dicha heterogeneidad es la fluctuación del régimen de caudales. Las crecidas no comprometen la supervivencia de la heterogeneidad espacial, sino que la mantienen. Por ejemplo, en la llanura de inundación, si no hay crecidas no hay conexión, y si no se inunda, la vegetación riparia es sustituida por otra climatófila.

7. Promover la conectividad: el agua genera fronteras en las tres dimensiones. Hay transiciones bruscas, al contrario que en otros sistemas, los ecotonos no son graduales. Hay que mantener la conectividad con la llanura de inundación y con la zona hiporreica, es decir, el agua que no va en superficie, y que tiene un papel fundamental en la depuración de las aguas.
8. El restaurador necesita espacio: según la legislación, los cinco metros a cada lado de la ribera son de uso público, y hasta 100 metros la denominada “zona de policía”, en la que se condicionan las actividades desarrolladas. Estos márgenes no llegan hasta el nivel de las crecidas extraordinarias, lo suyo sería definir los márgenes en función del sistema.
9. Para restaurar se necesita dinero.
10. Deja que el río haga su trabajo: hay que conocer la dinámica del río y contar con ella. De esta forma, será más barato restaurar y la perturbación será mínima.

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