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Hacia la inmunidad de grupo contra la COVID-19

Publicado por Ramón Contreras

La vacunación es la mejor forma de prevenir la diseminación del virus SARS-CoV-2. Por ello se están llevando a cabo en todo el mundo campañas de vacunación titánicas para proteger al mayor número de personas en el menor tiempo posible. Esta situación es casi una contrarreloj contra la propia biología del virus. Cuanto más tiempo se le de al virus, cuanta más gente se infecte mayor es el tiempo que tiene para hayar la mutación ganadora que consiga esquivar las defensas otorgadas por las vacunas. Como pasa con todos los virus, el SARS-CoV-2 emplea la maquinaría celular para replicarse, ésta no es perfecta y va añadiendo pequeñas modificaciones en la cadena de material genético, lo que comúnmente llamamos mutaciones. Las vacunas están pensadas para ser lo más amplias posibles y por lo tanto hacer frente a la mayor cantidad de variantes o mutaciones de la secuencia del virus. Un claro ejemplo de eso es que la mayoría de las vacunas conocidas (Moderna, Pfizer, etc) han demostrado ser capaces de defender al organismo contra las variantes, alfa, beta, gamma y delta. Esta última era la que más preocupaba a los medios de comunicación puesto que se vio que una única dosis no bastaba para asegurar un eficacia óptima (recordemos que por suerte las vacunas que mostraban baja eficiencia con una sola dosis eran de dos dosis obligatorias, porque la ciencia ya tiene algunas cosas controladas).

La vacunación tiene un doble efecto, como hemos dicho en primer lugar protege a una persona de caer enfermo. En segundo lugar, impide la propagación del virus. Si no se propaga no alcanza a nuevos hospedadores y deja de seguir multiplicándose. Esto es en lo que se basan muchos gobiernos para hacer sus números para hallar una seguridad nacional. La inmunidad de rebaño es justamente esto, que hay tantas personas vacunadas que las pocas que faltan por vacunar o que por motivos diversos no pueden vacunarse están a salvo. La probabilidad de que un infectado y un no vacunado se encuentren es muy baja gracias a la inmunidad de rebaño. El mínimo mínimo para alcanzar esta inmunidad se considera en el 70% de la población. Pero claro, cuanta más gente esté vacunada más eficaz es. Se considera que a partir del 92% de la población vacunada nos encontramos en una situación de seguridad sanitaria. El otro 8% de la población bien puede ser enfermos que tengan el sistema inmune deprimido (pacientes de SIDA o de cáncer en tratamiento) o simplemente gente muy mayor que ya tengan esta condición crónica y que no puedan vacunarse, embarazadas o lactantes para los que todavía no hay pruebas sobre los efectos secundarios de la vacuna. Hay mucha gente que no se podrá vacunar por razones médicas que llenaran ese cupo del 8% sin vacunas.

Mientras tanto y con los últimos datos en la mano, hay que dar la enhorabuena a los países que empiezan a respirar tranquilos. Aquellos con más del 70% de la población vacunada. En general son países pequeños en número de habitantes como Malta o Uruguay. Pero también hay que recordar las buenas campañas de vacunación de países como Chile o España que ya están a las puertas y lo conseguirán antes de acabar el mes de Agosto.

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