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Bioética e historia en el manejo por países de la pandemia de COVID

Publicado por Ramón Contreras

Últimamente sale en las noticias que tal o cual país ha quitado sus medidas de restricción contra la COVID-19. Muchos lo ven como el principio del final de la pandemia, otros como algo que debería haberse hecho hace mucho tiempo y finalmente los más recelosos consideran que es un paso precipitado. Sin embargo, como en todas las noticias hay que saber dar un paso atrás y ver la pintura desde un poco más lejos. Los países que han levantado las restricciones como el uso de mascarillas o la obligación del pasaporte COVID qué historial tienen en relación a la pandemia.

Uno de los primeros en eliminar las restricciones y anunciarlo a bombo y platillo ha sido Países bajos. Esta nación ha sido durante estos años una gran opositora a las medidas antiCOVID y evidentemente iba a ser de las primeras en quitar las pocas que había impuesto. También hay que recordar que su población ha sido una de las más castigadas a nivel de porcentaje de población afectada. Allí un tercio de la población ha sido afectada por el virus (5 millones de los 17 que tiene). Además, tan solo el 77% de la población se ha vacunado a principios de 2022. La gente que se quería vacunar ya lo ha hecho y no hay más crecimiento en el porcentaje de vacunados. A este país se pueden sumar otros como Suiza, donde nunca se ha llegado a establecer la cuarentena de toda la población y donde la vacunación solo ha sido llevada a cabo en el 68% de la población. Aparte de tratarse de un país pequeño con una muy baja densidad de población (lo que hace que la gente no se aglomere y por lo tanto se contagie menos) también tiene una creencia en la homeopatía muy arraigada entre su población.

Cuando vemos que estos países levantan sus restricciones resulta imposible no pensar ¿porqué mi país no lo hace? Pero esa es una falacia. Cada país tiene unas características únicas y por lo tanto no son comparables. Muchos países tienen una tasa de vacunación superior a estos dos, pero aún así no han modificado sus restricciones. En muchos casos viene por el tipo de sanidad que tienen o por la densidad poblacional. Países con altas densidades poblacionales en sus ciudades es normal que alarguen las restricciones que otros con apenas habitantes por kilómetro cuadrado. Puesto que el virus necesita del contacto estrecho para transmitirse en los sitios con apenas contacto esto es muy raro, pero no así en los países densamente poblados.

Por otro lado, a estas alturas la población vacunada de casi todos los países ha llegado a su techo. La sanidad nacional ya ha hecho todo lo que está en su mano para proteger a la sociedad. Pero a veces la sociedad no quiere protegerse y el gobierno tiene que transigir. El problema es que en muchos sitios, como el Reino Unido, se anunció que la inmunidad de rebaño se alcanzaba con el 60% de los vacunados, cuando la verdad es que lo mejor es obviamente que se vacune la mayor cantidad de ciudadanos. En otros países como España, donde la sanidad es pública son las arcas del estado las que tienen que ocuparse de los enfermos y por lo tanto siempre es mejor la profilaxis y la prevención que el tratamiento, no solo a nivel humano sino también económico. En el otro extremos estaría Países bajos, donde ya dejaron claro que era más importante la economía del país que la vida individual de sus ciudadanos.

¿Qué postura es mejor? Pues como ya hemos dicho no se pueden comparar estas cosas porque cada país tiene su idiosincrasia y su historia. Sin embargo, en este principio de siglo XXI se habla mucho de la bioética, de cómo la investigación, la medicina o la ciencia debe ser ética. Evidentemente la COVID acabará pasando por un filtro de bioética e historia.