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Descubren genes contra sequía en garbanzo silvestre que ayudarán contra el cambio climático

Publicado por Ramón Contreras

Frecuentemente hablo de los vegetales transgénicos como respuesta a los problemas del siglo XXI, cambio climático, sequía, aumento de temperaturas, etc. Uno de los ejemplos de los que hablamos hace poco fue del evento HB4 creado en Argentina, puedes leer más sobre él aquí. Gracias a la ingeniería genética podremos crear plantas adaptadas a los problemas de forma mucho más rápida de lo que podría hacerlo la naturaleza por selección natural. Sin embargo, muchos de los genes que se plantea usar son también de plantas e incluso a veces de la misma especie. Este es el caso de los garbanzos, una de las primeras plantas (y la primera legumbre) domesticadas por el hombre y una de las legumbres más extendida y usadas alrededor del mundo. Además, su alto grado de proteínas los convierte en un estupendo sustituto de fuente proteica animal, por lo que su potencial de uso para este siglo es enorme. Su genocentro, origen genético, se considera que está en Turquía y Siria, donde todavía se conservan gran cantidad de variedades silvestres.

Un trabajo recientemente publicado en la revista científica Agriculture (febrero, 2022) a raíz de una colaboración internacional entre científicos de Estados Unidos, Turquía y Siria a revelado que la floración del garbanzo está controlada principalmente por 3 genes. Pero, ¿qué tiene esto que ver con solucionar los problemas de sequía? Gracias a este descubrimiento y al estudio de ciencia básica sobre la floración temprana de algunas variedades silvestres del garbanzo se pretende mejorar por medios tradicionales de cruzamiento o por ingeniería genética las plantas de garbanzo comercial. De esta manera, estas variedades silvestres pueden evitar la sequía de finales de verano y aprovechar el agua de primavera al máximo. Usando genes de variedades locales se podrá adelantar la floración de otras variedades comerciales y conseguir que el fruto esté en su punto de recolección antes de que las plantas se sequen.

Las legumbres serán el alimento de la humanidad del siglo XXI por su alto contenido en proteínas

Los investigadores buscaron qué genes se activaban durante el periodo de floración del garbanzo. Para ello cruzaron la variedad comercial Gokce, muy frecuente en Turquía y especialmente resistente a la sequía y dos variedades silvestres. Con esto se formaron diez poblaciones híbridas de garbanzo, con entre 110 y 190 individuos. El genotipado de estas poblaciones mostró las variaciones en la secuencia de ADN de los garbanzos silvestres, las denominadas SNP o variaciones de base nuclear simple. Con esto se descubrieron genes que controlaban la floración de forma importante y otros genes relacionados. Uno de los genes con mayor control sobre la primera floración de la planta tuvo una correlación positiva con el color de las flores en dos de las 10 poblaciones creadas, por lo que su estudio fue relativamente sencillo.

Este es otro claro ejemplo de por qué hay que conservar la flora (y la fauna) salvaje. La naturaleza es una fuente inagotable de variaciones que pueden ayudarnos a solventar problemas, puesto que las plantas llevan millones de años buscando alternativas para sobrevivir. Por otra parte, mientras que para producir un kilo de garbanzos se necesitan menos de 100 litros de agua para el crecimiento de la planta, para crecer un kilo de pollo se requieren cerca de 4.300 litros. Así que en aras de luchar contra la sequía, parece que el consumo de legumbres y de garbanzos concretamente puede traer un beneficio a múltiples niveles.