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Ventajas de la vida en grupo: animales gregarios

Publicado por Ramón Contreras

La vida dentro de una manada es más fácil, moverse por el territorio es más seguro en grupo, encontrar comida y agua mucho más sencillo y crear descendencia se vuelve algo a lo que no hay que dedicar mucha energía más que a elegir y empezar. Estas son algunas de las nociones que se han explicado siempre sobre por qué los animales forman grupos. Ya sean clanes, familias, manadas, o grupos más grandes sin parentesco, siempre hemos dicho que la vida en grupo presenta algunas ventajas. Entre ellas, tal vez la más comentada era la protección frente a los depredadores. Los peces crean bancos o cardúmenes, las aves y otros animales voladores cuando forman grupos en el aire se llaman bandadas y los mamíferos gregarios, en general, forman manadas que en teoría ayudan a proteger al individuo.

Un cardumen de peces frente a un depredador

Por un lado, la manada brinda la protección de ser muchos contra un atacante. La defensa de las crías se realiza entre todos y no hay que enfrentarse en solitario al voraz depredador. Esto pasa en las zonas de nidificación de aves, que ante una amenaza cercana varios miembros de la colonia pueden llegar a atacar al intruso. Pero en especies no tan dadas a la violencia, la manada puede ayudar de otra manera. Si se viaja con muchas personas y el depredador es solo uno, la posibilidad de que cojan a un individuo concreto es más baja. Por otro lado, la formación de grandes manadas lo que crea es que se vea al grupo a mayor distancia y atrae antes a los depredadores. La teoría detrás de la formación de los grandes grupos de animales es que el depredador puede confundirse de presa o no saber elegir bien entre tantas posibilidades y de esa manera disminuye su tasa de éxito cazando. Una razón similar se dio para las rayas de las cebras que despistarían a los depredadores, aunque aquí ya hablamos del verdadero motivo de las rayas.

En realidad, en cuanto a la reproducción, la formación de manadas puede no ser una gran idea. Muchas veces están formadas por un macho reproductor dominante que será el que se preñe a la mayoría de hembras en celo y puede o puede que no haya otros machos que tengan alguna posibilidad de emparejarse. Especies como los ciervos o los leones funcionan con este tipo de manadas en forma de harén. Mientras que otras especies como los lobos estén formadas por varias parejas. Finalmente, encontramos manadas formadas por hembras y los machos de las especies son solitarios en busca de manadas de hembras solo en época de celo, como los elefantes.

Otro ejemplo de la fuerza del número lo tenemos en las puestas de tortugas, al eclosionar muchos huevos al mismo tiempo y correr las crías de tortugas al mar, todas juntas las aves depredadoras solo son capaces de acabar con unas pocas tortugas, permitiendo que la mayoría alcancen el mar. Si las tortugas salieran a razón de una cada día, las aves que las cazan podrían entretenerse con la única que sale y volver para su siguiente comida a la noche siguiente.

Estudios recientes han demostrado que esta posible protección no es tan real como pensábamos y puedes leer más sobre este fenómeno aquí (próximamente).