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Tipos de vacunas

Publicado por Ramón Contreras

Es un hecho ampliamente demostrado que las vacunas son un sistema eficaz y seguro para la protección de tanto humanos como animales ante infecciones bacterianas o víricas. Existen pruebas históricas de inoculaciones primitivas de vacunas en China o la India sobre el 200 a. C. en contraposición, a finales del siglo XVIII se preparó la primera vacuna para la viruela en Europa. Al final del siglo XIX L. Pasteur realizó sus experimentos sobre la vacunación contra la viruela demostrando su efectividad. Gracias a las vacunas se han conseguido erradicar enfermedades de determinados países. En la actualidad existen vacunas contra cerca de una treintena de enfermedades, casi todas de origen vírico y potencialmente letales. Sin embargo, la viruela es la única enfermedad de tipo infectiva que ha sido eliminada a nivel mundial y ha sido gracias a las campañas de vacunación que se han dado por todo el mundo.

Cultivo de patatas en las condiciones de Marte

Existen varios acercamientos posibles para la obtención de una vacuna efectiva. Al final las vacunas funcionan porque presentan al sistema inmune del individuo una parte reconocible del organismo que infecta. De tal manera que el sistema inmune pueda reconocerlo y preparar anticuerpos contra ese organismo, de tal manera que la próxima vez que sea atacado por ese virus o bacteria (durante una infección de verdad) su respuesta sea más rápida e impida la infección.

Para ello se crean diferentes vacunas. Las vacunas inactivadas se denominan así puesto que cuentan con los microorganismos que causan la enfermedad pero tratados químicamente o con algún tipo de proceso físico (temperatura, pH) que altera la estructura y ya no pueden infectar. Este tipo de vacunas en las que se ha perdido la infectividad suelen ser poco efectivas y se requiere de varias dosis para formar la respuesta inmune del organismo. Estas vacunas suelen administrarse con adyuvantes, sustancias que activan el sistema inmune de forma inespecífica, para ayudar a la formación de la respuesta inmune.

Otra posibilidad es la utilización de las partículas infectivas vivas pero atenuadas. Estos microorganismos se cultivan en condiciones que no son óptimas y por lo tanto su patogenicidad es menor, estas vacunas suelen administrarse en individuos sanos, puesto que en inmunodeprimidos puede ocasionar la enfermedad. La duración de la inmunidad conseguida con esta vacuna es muy duradera. De este tipo son las vacunas contra el sarampión, las paperas o la rubeola.

Las vacunas contra el tétanos y la difteria (entre otras) se fabrican con los componentes tóxicos de las bacterias, pero sin las bacterias. De esta manera se inocula una toxina en bajas cantidades para que el cuerpo reaccione y esté preparado ante la infección bacteriana. Por otra parte vacunas como la de la tosferina se hacen con una mezcla de toxoides, como las anteriores, y otras proteínas antigénicas reconocibles por el sistema inmune.

Para todas las técnicas anteriores se cultivan los patógenos en laboratorio, no obstante en ocasiones este es difícil de cultivar. En estas ocasiones se utiliza la tecnología de recombinación de ADN para introducir los genes de interés en microorganismos que son más sencillos de cultivar para que produzcan grandes cantidades del antígeno, que serán purificadas sin presencia del patógeno.

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