Biología

Inicio Inmunología, Virus Especificidad antígeno-anticuerpo, la COVID-19 y las vacunas

Especificidad antígeno-anticuerpo, la COVID-19 y las vacunas

Publicado por Ramón Contreras

La COVID-19 ha sido terrible y ha afectado a las vidas de todo el mundo. Sin embargo, ha permitido aprender muchísimo sobre la relación entre los antígenos y los anticuerpos, así como de las vacunas. Es cierto que la vacuna se desarrolló muy rápido, cuando lo normal es tener una vacuna funcional en unos 5 a 10 años. Pero lo mismo que ha sido rápida y efectiva, ha ido perdiendo su potencia para contrarrestar el virus rápidamente. Esto es debido a la capacidad del virus de mutar y a lo focalizada que estaba la proteína de la vacuna contra un antígeno concreto del virus.

Los virus que no mueren proliferan y aumentan sus características en la población

Los antígenos son las moléculas que tienen los patógenos que se reconocen por el sistema inmune, concretamente por los anticuerpos. Hay antígenos que pueden ser reconocidos por varios anticuerpos y hay anticuerpos que pueden reconocer a varios antígenos. Aunque lo más normal en los anticuerpos de laboratorio, que no en los naturales, es que sean altamente específicos y que un anticuerpo solo pueda reconocer a un antígeno. Teóricamente, estos anticuerpos tan específicos son más eficaces, disparan una respuesta inmune más potente, puesto que cuando está el antígeno es indudable que está el patógeno, puesto que solo reconoce una molécula muy concreta.

Para evitar esto, los patógenos evolucionan. Aquellos con el antígeno tan reconocible mueren y aquellos que por mutación han conseguido alterar esa molécula (haciendo un cambio químico en su estructura) proliferan. De esta manera, ese anticuerpo no puede seguir reconociendo al patógeno y el número de enfermos vuelve a subir. Esto es exactamente lo que ha pasado con las vacunas que se han hecho contra el SARS-Cov-2. Estos anticuerpos reconocían una secuencia muy concreta de una proteína específica, la proteína Spike o S. Esta proteína es importante para que el virus entre en la célula del hospedador, por eso se eligió como diana. Además, esta proteína para ser funcional, ha de tener muy pocos cambios, por lo que su capacidad de mutar no es mucha.

¿Qué quiere decir que no pueda mutar mucho? Si la proteína muta dejará de ser funcional y el virus no entrará en el ser humano, por lo que no le conviene mutar, pero si no lo hace será reconocida por los anticuerpos y tampoco entrará. Por lo que llega a un “compromiso evolutivo” Cambia lo suficiente para no ser tan reconocible y aun así seguir teniendo la capacidad de entrar en las células humanas. Así, baja la eficiencia de las vacunas en detectar la proteína.

Normalmente, durante el desarrollo de la vacuna se tienen en cuenta los posibles cambios del antígeno y se buscan anticuerpos que puedan adelantarse un poco a la evolución del virus. En el caso de las vacunas para la COVID-19 esto se está haciendo un poco sobre la marcha, por una cuestión de tiempo. Esa es la razón por la que las vacunas pierden eficacia contra el virus, la pandemia continúa y se tienen que seguir desarrollando vacunas, que tal vez necesitemos volvernos a poner. Evidentemente, las nuevas vacunas no son simplemente una nueva dosis de los mismos compuestos, sino que se han introducido modificaciones en las vacunas para que sean capaces de reconocer los antígenos del virus actual.