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La vida de las abejas en la colmena

Publicado por Victoria González

Las abejas se estructuran socialmente de una forma muy bien organizada y compleja. En la colmena, cada individuo pertenece a una casta y tiene un rol perfectamente definido. En estas comunidades cada animal es tan solo una pieza que forma parte del engranaje, y no podría sobrevivir por sí solo.

Existen tres tipos de abejas: las obreras, la reina y los zánganos. Los zánganos son las abejas macho, y prácticamente su única función es la reproductora, aunque ocasionalmente pueden producir calor y repartir néctar. La abeja reina atrae a los zánganos por medio de feromonas sexuales y se aparea con varios de ellos. Esto provee a la reina de espermatozoides suficientes para fertilizar millones de óvulos, con lo cual tiene suficiente para toda la vida. La reina pone dos tipos de huevos: los fecundados darán lugar a obreras o a reinas, en función de la alimentación. Cuando la larva es alimentada con una secreción glandular especial que se llama jalea real, el huevo dará origen a una nueva reina. Si la alimentación es normal la larva se desarrollará como abeja obrera. Si el huevo no es fecundado dará lugar a un zángano. Este proceso se conoce como partenogénesis.

La abeja reina es única en la colmena. Se encarga de producir óvulos – hasta 1.000 al día -, y de organizar la vida en la colmena. Al igual que en otros insectos sociales, las feromonas juegan un papel muy importante en la vida de la reina. Además de atraer con sus feromonas sexuales a los zánganos para el apareamiento, la reina también asegura con estas sustancias su papel como única hembra reproductora de la colonia. Las obreras lamen las feromonas del cuerpo de las reinas y la distribuyen por la colmena, y como resultado las obreras se vuelven estériles.

Las abejas obreras ejercen todo tipo de trabajos en la colmena según la etapa del ciclo vital en la que se encuentren. Durante los diez primeros días las obreras se dedican a la `vida doméstica´: limpian las celdillas, cuidan a las crías y reparten miel y polen a la reina, obreras y larvas en desarrollo. En una segunda etapa se desarrollan las glándulas cereras y las obreras se convierten en abejas constructoras y moldean las celdas hexagonales que forman la colmena, en las que la reina pondrá sus huevos y las crías crecerán. También ejercerá como limpiadora y como guarda. Estudios recientes han demostrado que las abejas son capaces de advertir a sus depredadores de lo que les puede pasar si se acercan a la colmena. Para ello efectúan una especie de danza al unísono. Si el depredador se acerca demasiado, lo rodean entre todas hasta asfixiarlo.

En la última etapa, las obreras toman funciones de recolección de néctar y polen. El estudio de la actividad de las abejas como exploradoras ha revelado datos fascinantes para los científicos. Las obreras realizan una danza para indicar a sus compañeras dónde está la fuente de alimento. Este baile aéreo consiste en el trazo de un ocho que indica la dirección y la distancia de dicha fuente de néctar y polen. Además, estos insectos tienen una enorme capacidad de orientación y son capaces de localizar la ruta más corta y eficiente, así como de recordarla en posteriores salidas recolectoras. Otras investigaciones han demostrado que cuando una colmena es atacada por hongos patógenos, las obreras recolectoras llevan a la colonia mayores cantidades de propóleo. Esta sustancia tiene propiedades antifúngicas que ayudan a luchar contra la infección de los hongos.

El estudio del comportamiento y la estructura social de las abejas fascina a los científicos desde hace mucho. Uno de los misterios es explicar la evolución de esta estructura en la que la mayoría de los individuos no llegan a reproducirse nunca. Otros estudios llevados a cabo en los últimos años han abordado cuestiones acerca del descanso en las abejas, y cómo la falta de sueño las incapacita para llevar a cabo con éxito sus funciones como exploradoras y recolectoras.