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Infecciones nosocomiales

Publicado por Ramón Contreras

Las enfermedades nosocomiales, también denominadas intrahospitalarias, son aquellas que se producen en hospitales y otros lugares destinados al cuidado de pacientes enfermos. En esos lugares, debido a las condiciones de extrema limpieza que deben tener, es común que existan especies patógenas u oportunistas que hayan evolucionado para resistir estas condiciones. Además la constante llegada de pacientes enfermos, con infecciones en desarrollo, origina que en un mismo lugar se reúnan cepas de una misma especie que a lo mejor de otra manera no se encontrarían.

Las enfermedades nosocomiales son comunes y uno de los problemas a tener en cuenta al hospitalizar a personas con el sistema inmune comprometido. Muchas de las enfermedades intrahospitalarias están causadas por especies bacterianas o eucariotas oportunistas. Estas especies es frecuente que se encuentren en la piel, mucosa o en general en las personas sanas. Sin embargo, cuando el sistema inmune funciona correctamente son incapaces de invadir el cuerpo y forman parte de la flora del cuerpo sin ningún problema. Por el contrario, en las personas inmunodeprimidas, como la mayoría de los pacientes intervenidos de hospitales, las bacterias, hongos, etc. son capaces de progresar y pueden llegar a causar infecciones graves que desafortunadamente pueden acabar con la muerte del paciente por una causa diferente de por la que se iba al hospital.

Las infecciones nosocomiales más frecuentes son las urinarias (el 80%), a continuación se sitúan las heridas provocadas por una intervención quirúrgica, la neumonía o la infección de la sangre por bacterias, bacteriemia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que el 8,7% de los pacientes hospitalizados contraen este tipo de problemáticas no asociadas a la causa de entrada al hospital. Cifra que la Comisión Europea afirma que pueden reducirse hasta el 6% mejorando la asistencia sanitaria.

Para recudir este tipo de enfermedades el paciente debe ser aislado de posibles contactos con agentes exteriores, como son familiares y otras visitas, además el personal sanitario debe llevar ropa especial (batas, monos de trabajo) y extremar la higiene personal así como usar material adecuado (guantes, mascarillas) para manipular a los pacientes. Además es conveniente evitar la rotación de personal por parte del hospital, ara de esta manera reducir el número de posibles focos de contagio. Finalmente, hay que tener en cuenta la manipulación de los alimentos.

Como ya hemos mencionado antes uno de los problemas de las enfermedades intrahospitalarias es la posibilidad de la resistencia de los patógenos a los medicamentos. Cuando ocurre una infección y se usa un antibiótico se utilizan altas dosis durante un periodo prolongado de tiempo para asegurarse de eliminar a todos los posibles patógenos. Si este tratamiento no es continuado cabe la posibilidad de que sobrevivan bacterias que tenían la capacidad de sobrevivir a pequeñas dosis de los antibióticos (algo común), de esta manera los patógenos van adquiriendo resistencia cada vez mayor a los medicamentos que se emplean contra ellos. En un hospital las bacterias pueden pasar de un enfermo a otro con mayor rapidez, creando cepas resistentes ante una gama amplia de antibióticos, con la consecuencia de las conocidas especies superresistentes. Además los pacientes son el propio reservorio que se esparce en el hospital.

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