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COVID-19, ¿qué implica aplazar la segunda dosis?

Publicado por Ramón Contreras

La población mundial ha empezado una campaña de vacunación sin precedentes. Millones de personas son vacunadas contra el SARS-CoV-2 cada día. Las vacunas hasta ahora funcionan con dos dosis que han de ser administradas con 15 días de diferencia, según las recomendaciones de las farmacéuticas que las han desarrollado. De esta manera los organismos competentes, es decir el fabricante, aseguran la eficacia de este tratamiento. No es la primera vez que hay medicamentos que se han de tomar con cierta periodicidad, por ejemplo todos tenemos en mente los antibióticos que han de tomarse 3 veces al día durante una semana. En el caso de estos últimos es muy conocido el efecto que causa dejar la medicación a medias, más o menos por el tiempo en que empezamos a encontrarnos bien y creemos que ya está todo el trabajo hecho o que estamos lo suficientemente recuperados para hacer vida normal y nos olvidamos de la mitad de las dosis.

En esos casos lo que ocurre es que las bacterias que te han infectado no mueren completamente, al no terminar el tratamiento con el que el fabricante asegura una recuperación completa es posible que queden bacterias vivas. Estas bacterias que quedan vivas serán las más resistentes al antibiótico, razón por la cual han podido sobrevivir. Esto lo logran gracias a pequeñas variaciones en su ADN que aparecen al azar en todos los seres vivos. Estas mutaciones otorgarán una resistencia muy ligera tal vez, pero lo suficiente como para aguantar hasta el tercer o cuarto día de tratamiento. Ahora, cuando estas sobreviven pasan esa pequeña ventaja a toda su descendencia, y aquellas sin ella han muerto en los primeros días de tratamiento. Si este ciclo se repite varias veces, y no nos engañemos, no es solo una persona que hace esto si no muchas, la resistencia irá aumentando progresivamente. Finalmente encontraremos una población de un patógeno que ha acumulado muchas de esas pequeñas mutaciones y que ahora ya resiste al antibiótico por más que lo acumules durante 3 o 5 o 7 días en tu organismo.

Pues lo mismo pasa con los virus del COVID-19 y las vacunas. La segunda dosis de refuerzo aumenta significativamente la resistencia al virus. Estamos hablando de que se pasa de un 60% a un 90% de eficacia. Con esos números podemos ver las cosas de dos maneras. Con una dosis es suficiente para que más de la mitad de la población sea resistente o bien, que con una dosis el 40% de los afectados enfermarán a pesar de estar vacunados. En este 40% parece ser que la enfermedad cursa de forma leve. Esto es así hasta que las pequeñas mutaciones empiecen a acumularse en el genoma del virus, entonces ese número irá empeorando poco a poco y finalmente nos encontremos con cepas resistentes. La pesadilla de los epidemiólogos.

Varios países han optado por retrasar la segunda dosis de sus vacunas con el fin de aumentar lo más posible la cobertura de la primera vacuna a la población. Un ejemplo de esto es Reino Unido, que con sus políticas de alcanzar la inmunidad de rebaño están aplazando hasta 3 meses la segunda dosis. Solo esperamos que cuando se pongan la segunda dosis el virus no haya mutado y sea resistente.

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