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Los problemas genéticos de Tutankamón

Publicado por Ramón Contreras

Este noviembre hace 100 años que se descubrió la tumba intacta del faraón Tutankamón. Mucho se ha escrito sobre una de las tumbas que había permanecido sellada durante miles de años (murió en el 1325 a. C.). La maldición del faraón, los 11 kilos de oro puro que pesaba la máscara mortuoria, o las intrigas palaciegas que llevaron a que fuese embalsamado rápidamente y enterrado en la tumba de su hermana son algunos de los temas que han hecho correr la tinta. Pero como esto es un blog de biología, vamos a ver un tema más científico. Porque la verdad es Tutankamón es un raro caso humano, puesto que su familia tenía la costumbre de emparejarse con sus familiares. De hecho, el faraón fue hijo en segundas nupcias de dos hermanos, Akenatón y su hermana. Como ejemplo de lo poco que les importaba la consanguinidad, cuando Nefertiti, su primera mujer, murió, también se casó con su propia hija fruto de ese matrimonio. Por su parte Tutankamón, también se casaría con una medio hermana, hija de su padre y de Nefertiti. La línea dinástica se perdió con Tutankamón. Cuando esto pasó, los miembros de la familia real ya acumulaban un gran número de problemas genéticos, debido al intenso incesto de su línea sanguínea las mutaciones se acumularon. En condiciones normales, la actividad de las variaciones de los genes perjudiciales para la salud están suplidas por la otra copia del gen. Todos tenemos dos copias de cada gen, una que viene del padre y otra de la madre. Pero en los casos de incesto se encontraban en doble copia, porque venían ambas del mismo reservorio genético, el abuelo.

La sublime máscara mortuoria de Tutankamón hecha de la piel de los dioses

La idea tras estos matrimonios era mantener la línea sanguínea pura, puesto que descendían del dios sol. La intención era que no diluir la divinidad con mezclas plebeyas. El resultado es que tanto Akenatón como Tutankamón, tras varias generaciones de incesto cerrado, presentaban graves deformaciones. Tutankamón tenía que andar con un bastón porque tenía una severa deformación en una pierna. Esto se reflejó no solo en los análisis realizados a la momia del faraón, sino en los más de 100 bastones que se encontraron dentro de su tumba.

Muchas de las figuras de su tumba lo representan con un rostro un poco afeminado y con pechos. Esto llevó a pensar que la tumba estaba destinada a su hermana y no a él. Sin embargo, su padre también suele ser representado con pecho. Esta afección se denomina ginecomastia y podría ser una condición genética que causaría una alteración hormonal que produciría el crecimiento de los pechos en hombres. Por otro lado, también tenía el cráneo deformado, como su padre. Esto no se sabe si fue causado por las aberraciones genéticas o por las prácticas culturales que deformaban el cráneo de los bebés por estética.

Finalmente, otro rasgo que denotan la cantidad de incesto que había en la XVIII dinastía era que padecía una esclerosis fruto de una combinación genética única, por lo que su vida debía ser de casi reclusión. En condiciones normales, una persona así no hubiera podido sobrevivir en el Antiguo Egipto. Por desgracia, y a pesar de todas las facilidades que tuvo Tutankamón en vida, tampoco vivió mucho. Subió al trono a los 8 años y a los 19 ya estaba muerto.