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Qué pasa con el oxígeno en las alturas, presión atmosférica y parcial del oxígeno

Publicado por Ramón Contreras

La vida en las alturas no es fácil. El frío y sobre todo la falta de oxígeno a partir de los 2.000 metros hacen que el coste de vivir ahí arriba sea demasiado para muchas especies. La mayoría de plantas no vive a esas altitudes debido a las condiciones climáticas, y eso será otro factor que afectará a los animales que intenten vivir tan arriba. Cuando hablamos de la composición de la atmósfera siempre decimos que el 21% de ella es oxígeno. Por lo tanto nuestro cuerpo, y el de todos los animales, están adaptados a esa concentración del elemento que se mantiene hasta los 12.000 metros. La clave para el mal de altura, o para la vida en las alturas en general, es la presión parcial de oxígeno.

A medida que nos alejamos del nivel del mar, el número de moléculas que tenemos encima y a nuestro alrededor es menos y, por lo tanto, hacen menos presión. Nosotros estamos acostumbrados a ser constantemente “bombardeados” por moléculas de aire que respiramos. Al subir el número de moléculas es menor, aunque la proporción de ellas sea la misma. En una inhalación a nivel de mar entramos 100 moléculas, hay 21 de oxígeno (el 21%). Nuestros pulmones están pensados para funcionar a esa concentración y captar solo una parte del oxígeno. Por el contrario, a 5.200 metros de altura la presión parcial es la mitad. En cada inhalación entraremos solo 50 moléculas. Aunque el 21% seguirá siendo oxígeno, solo estaremos entrando 10,5 moléculas. Esta cantidad es insuficiente para funcionar correctamente. Los efectos a largo plazo incluyen el derrame cerebral, el fallo pulmonar e incluso puede llegar a causar inconsciencia.

Existen varias alterativas para poder vivir en altura. Algunas de ellas son genéticas y otras se hacen con acondicionamiento, durante la vida de un individuo. Como esta, aumentar el número de glóbulos rojos en sangre permite captar más oxígeno del aire, aumentando la eficiencia del sistema. Sin embargo, hacer esto pone en riesgo otros órganos que deben trabajar más para compensar, como el corazón que aumenta las pulsaciones, o los pulmones que deben mover más aire.

Los atletas muchas veces entrenan en zonas de alta montaña para propiciar la generación de glóbulos rojos con el fin de coger más oxígeno. Así, cuando luego compiten en zonas cercanas al mar, su sistema circulatorio está acostumbrado a trabajar con una baja presión de oxígeno y al verse en esa abundancia de oxígeno coge más, por lo que el cuerpo puede funcionar más rápido. Algunos deportistas fraudulentos se inyectan EPO, eritropoyetina, que es la encargada de producir este aumento de glóbulos rojos, para conseguir la ventaja de forma artificial.

Otras adaptaciones a las alturas se han producido durante la evolución, con millones de años. Una de las que hemos conocido más recientemente (2022) es la de los yaks del Himalaya. Estos bóvidos tienen un tipo celular específico que da mayor resistencia a los vasos sanguíneos e impide que se rompan debido al aumento de presión que se da para bombear más sangre y que llegue al cerebro.