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La importancia del sistema endocrino: Experimentos con Nereis

Publicado por Ramón Contreras

El sistema endocrino se define como el conjunto de glándulas secretoras del organismo cuyas secreciones tienen como diana algún tejido interno. Éste conjunto de glándulas está distribuido en animales en varios órganos por todo el cuerpo, páncreas, hipófisis, órganos sexuales, etc. Y su acción es por lo tanto muy diversa, desde regular la concentración de enzimas digestivos o desencadenar el deseo sexual o el sueño. Sin embargo todas estás glándulas tienen una función común, regular nuestro cuerpo para que todo funcione según los parámetros recomendados.

Los miembros del género Nereis prefentan la conformación típica de anélidos.

Los miembros del género Nereis prefentan la conformación típica de anélidos.

Tanto los vertebrados como los invertebrados presentan un conjunto de glándulas cuya función en ocasiones es mixta, tanto pueden secretar hormonas como actuar como parte del sistema nervioso, por eso se denominan sistemas neuroendocrinos. Por otro lado en los invertebrados los sistemas neuroendocrinos son más abundantes en número pero el número de glándulas propiamente dichas es mucho menor. El sistema endocrino es de vital importancia para regular los procesos internos y una idea clara de esa necesidad de autoregularse nos la da por ejemplo el hecho de que hasta los cnidarios, hidrozoos, medusas e hidras presentan sistemas neuroendocrinos, a pesar de que algunos de ellos sean casi en su totalidad agua.

En anélidos, un grupo de invertebrados que forma el Filo Annelida, cuya morfología es de gusanos segmentados en anillos, similares entre sí, llamados metámeros. A pesar de la creencia de que los organismos más simples no tienen sistema endocrino esto no es así. Si bien no tienen aparatos tan especializados como los vertebrados, sí existen células con función neurosecretora que sintetizan hormonas para procesos indispensables como la reproducción, el crecimiento o la maduración.

Los anélidos normalmente presentan diferencias notables entre la forma juvenil, sexualmente inmadura llamada átoco, y la forma adulta, madura sexualmente llamada epítoco, estas diferencias son el resultado de un balance hormonal diferente.

Tomemos como ejemplo el género Nereis: sus individuos presentan una alta capacidad de regeneración en la fase juvenil de su desarrollo. Esta regeneración está regulada por su sistema hormonal. Si se elimina la glándula supraesofágica, su el “cerebro” del átoco la capacidad de regenerar otras partes del cuerpo se pierde.

No obstante si se reimplanta un cerebro juvenil el átoco recupera su capacidad de regenerar partes de su cuerpo. Por otra parte si se hace el mismo experimento pero en este caso reimplantando la cabeza de un individuo maduro, un epítoco la capacidad de regenerarse del individuo no se recupera, puesto que el cerebro del adulto no manda las señales hormonales adecuadas para la regeneración.

La misma hormona cerebral está implicada en la maduración sexual de ovocitos y espermatozoides. Si a un nereis joven se le quita el cerebro, éste madura sexualmente de forma precozmente, pero el desarrollo no será correcto. Este desarrollo se redirige si se vuelve a injertar un cerebro de átoco, pero si en su lugar se injerta el de un adulto no.

Para que el desarrollo sexual de Nereis sea correcto los niveles de esta hormona han de descender paulatinamente y no súbitamente. La eliminación del cerebro tiene como consecuencia una gran bajada de la concentración de la hormona cerebral.

Se ha demostrado que los átocos presentan una alta concentración de esta hormona y que la disminución lenta de ella hace posible la maduración morfológica correcta de las gónadas y los gametos.

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