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Fertilidad y evolución

Publicado por Ramón Contreras

Cuando se habla de evolución de las especies uno de los factores clave para determinar el ritmo al que evolucionan se suele contemplar la fertilidad individual como uno de los dos parámetros (el otro es la supervivencia individual) a tener en cuenta. Puedes leer más sobre la evolución de las especies a través de la selección natural en su propio artículo aquí .

Pasar las adaptaciones a la generación siguiente es clave para el progreso de la especie.

Pasar las adaptaciones a la generación siguiente es clave para el progreso de la especie.

La evolución se suele tratar siempre a nivel de especies, o de poblaciones, como un conjunto indivisible que avanza en el tiempo y va cambiando. La realidad es que de hecho la evolución ocurre a nivel individual, pero su relevancia es tan pequeña que debe tenerse en cuenta a un grupo muy grande de personas, durante mucho tiempo para que se vea un cambio.

La fertilidad es la capacidad de un individuo de dejar descendientes. En términos de evolución, la fertilidad es la capacidad de dejar más descendientes que los otros individuos de tu generación. De esta manera los genes del individuo que más descendientes tenga serán más numerosos y es más posible que se conviertan en los dominantes en la población si las sucesivas generaciones son todas de gran fertilidad. Cuando unos genes se convierten en dominantes por efecto de la fertilidad diferente entre los individuos de una población y no en función de su capacidad de adaptarse al medio se denomina deriva genética. En estos casos la población adquiere unas características genéticas que aunque no sean las mejores para sobrevivir se han impuesto en la población por otras razones.

Las especies se pueden clasificar en dos tipos dependiendo de su estrategia evolutiva. Aquellas especies que siguen una “estrategia de la r”, denominada así por la constante matemática a la que se aproximan, son aquellas que sus individuos tienen una alta fertilidad, como los conejos, las plantas anuales o los hongos e incluso las bacterias. Estas especies explotan al máximo su entorno, que será el encargado de cribar los individuos de la especie más aptos.

Por el contrario la “estrategia de la k” se asocia a especies con una baja fertilidad, sus individuos tienen muy pocas crías durante su vida. Por el contrario estas especies cuidan mucho a sus crías y su tasa de supervivencia es muchísimo mayor que la de las especies tipo “estrategia de la r”. Entre las especies asociadas a esta estrategia encontramos a las ballenas o los elefantes.

Si un individuo tiene una capacidad muy baja para sobrevivir, apenas llega a la vida adulta, puede compensar esa vida corta con una gran fertilidad para compensar el número de descendientes que dejará a la generación siguiente. De forma análoga por muy adaptado que esté un individuo a sobrevivir en un ambiente si su fertilidad es baja o nula su capacidad se perderá y no será aprovechada por la especie en generaciones futuras.

El caso del ser humano merece una mención aparte. Como especie, se encuentra en un punto intermedio entre ambos tipos de estrategias de reproducción (como muchas otras especies). Históricamente existe una relación entre la cantidad de hijos que las parejas humanas dejan para que se reproduzcan la generación siguiente y la energía y recursos que dedican al cuidado de la descendencia.

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