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Evolución convergente en vegetales

Publicado por Ramón Contreras

La evolución convergente es el proceso en que dos especies han adaptado estrategias o morfologías similares para hacer frente al mismo problema que les presentaba su entorno, que no siempre es el mismo. Puedes leer algunos ejemplos de este tipo de evolución en animales en el artículo que les hemos dedicado aquí .

Las plantas crasas o suculentas han evolucionado de forma similar a los cactus para retener gran cantidad de agua en su interior.

Las plantas crasas o suculentas han evolucionado de forma similar a los cactus para retener gran cantidad de agua en su interior.

Se denomina evolución convergente al proceso que desemboca en una gran similitud entre dos especies pero que estas no han de estar relacionadas. Por ejemplo, el hecho de que los naranjos y las rosas tengan flores no es evolución convergente, puesto que la característica “tener flores” es anterior a la separación evolutiva entre ambas especies.

Un claro ejemplo de este tipo de evolución se da en las plantas alrededor del mundo que tienen que hacer frente a un clima caluroso y con pocas lluvias. Este tipo de plantas se denominan xerófitas. Este grupo heterogéneo se caracteriza por estar adaptado a sobrevivir largos periodos de sequía.

Las cactáceas, comúnmente conocidas como los cactus, son originarias del continente americano, no estando presentes en el resto de continentes antes de su difusión por el ser humano. Estas plantas son los más famosos supervivientes de los desiertos. Para ello han perdido las hojas y han reducido su superficie para evitar la perdida de agua. Además su sistema radicular está especializado en absorber rápidamente el agua del suelo y sus células meristemáticas en almacenarla. Las Euforbiáceas, la familia taxonómica Euphorbiaceae, con hojas con una proporción superficie/volumen muy pequeña.

También relacionadas con el agua son las adaptaciones de los tubérculos que almacenan agua u otras sustancias de reserva, como almidón en las patatas. Existen numerosas especies, no relacionadas que han desarrollado raíces que almacenan sustancias de reserva. Entre ellas podemos nombrar a la patata, el nabo o la yuca. Estas tres especies pertenecen a grupos taxonómicos no emparentados y en sus propios géneros existen especies sin estas raíces especializadas. Por lo que la evolución de estas tres especies ha desembocado en una respuesta común al almacenamiento de nutrientes. Otras especies como la zanahoria han optado por engrosar su tallo para almacenar los nutrientes.

Muchas especies han desarrollado estructuras similares para dispersar sus semillas aún estando en grupos taxonómicos separados. Ejemplos de esto pueden ser las velas de las semillas de las familias Orchidaceae o Balanophoraceae que perteneces a clases taxonómicas diferentes.

Finalmente no hay que olvidar que la adquisición de los cloroplastos, los orgánulos que normalmente se emplean para diferenciar a los vegetales, fueron adquiridos en eventos independientes durante la evolución. Diversos grupos de eucariotas optaron por relacionarse con estas bacterias, dando lo que hoy conocemos como plantas y algas verdes por un lado y algas pardas y algas rojas, que no se clasifican dentro del Filo Plantae, aunque sí tengan cloroplastos, puesto que adquirieron los cloroplastos independientemente del grupo de Plantae (las plantas).

En contraposición a la evolución convergente se encuentra la evolución divergente, que es aquella en la que una misma estructura adquiere diferentes funciones. Puedes leer más sobre ella en el artículo que le dedicamos a la evolución divergente en plantas aquí (próximamente) y en animales aquí (próximamente).

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