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Evolución convergente en animales

Publicado por Ramón Contreras

La evolución es el proceso de adaptación de una especie a su entorno. Esta adaptación es, en este caso, a largo plazo y tiene como objetivo que la especie en concreto, sea el ser vivo que sea, animal, planta o bacteria, aumente su eficacia biológica en un ecosistema concreto. Para ello la especie no solo puede variar su conducta o sus hábitos. La evolución es una forma de adaptación mucho más profunda y a largo, larguísimo plazo. Durante la evolución las especies son capaces de modificar sus órganos, sus ojos, su sistema digestivo, su esqueleto, etc. para adaptarse mejor a unas condiciones concretas que las rodean.

Los murciélagos se han adaptado al aire perfectamente, como pájaros e insectos.

Los murciélagos se han adaptado al aire perfectamente, como pájaros e insectos.

Este proceso no se realiza en una sola generación de individuos y tampoco éstos son conscientes de que están evolucionando. La evolución es pues un proceso lento de cambio que tiene como objetivo que los individuos de una especie se adapten mejor a las condiciones ambientales que les afectan. existe otro proceso evolutivo denominado evolución divergente del que puedes aprender más leyendo nuestro artículo aquí . En plantas también existen ambos procesos de evolución, puedes leer algunos ejemplos de cada tipo en los artículos que les dedicaremos aquí (próximamente).

En este ámbito la evolución convergente es aquella que ante un mismo tipo de ecosistema dos especies diferentes han evolucionado de tal manera que las estructuras de adaptación al medio son similares. Este concepto es muy fácil de comprender con algunos ejemplos. En la naturaleza hay numerosísimos ejemplos de convergencia evolutiva. Por ejemplo el ojo de cefalópodos y el de vertebrados es muy similar en cuanto a su estructura anatómica a pesar de pertenecer a grupos muy lejanos evolutivamente, pertenecen a Filos taxonómicos diferentes.

Las ballenas o los delfines son mamíferos que se han adaptado a vivir en el mar. Para ello sus ancestros evolucionaron, modificaron sus estructuras óseas hasta formar aletas y perdieron las patas traseras en favor de una cola similar a la de los peces. En la actualidad los peces, los tiburones y las ballenas poseen aletas y una cola acabada en aleta que les permite moverse de la manera más óptima en su medio, el agua. Diferentes especies han optado por evolucionar en la misma dirección: desarrollar aletas, para enfrentarse a el mismo problema: la vida en el mar.

Otro ejemplo muy común utilizado para explicar la evolución convergente son los murciélagos. Éstos mamíferos son voladores verdaderos. Al igual que los pájaros han modificado sus extremidades delanteras para adaptarse a un nuevo entorno: el aire. Las alas de los pájaros son muy distintas a las alas de los murciélagos. Mientras que las alas de los primeros sustentan a las aves gracias a las plumas las alas de los murciélagos están formadas por la piel del murciélago. Ambos tipos de alas surgieron en momentos diferentes pero responden a la misma necesidad evolutiva. De igual modo las alas quitinosas de los insectos son una evolución convergente con las alas de pájaros y murciélagos, puesto que son una estructura ancestral diferente que se ha modificado para cumplir una misma función, volar.

Finalmente podemos ver una convergencia evolutiva entre los cánidos (el grupo taxonómico de mamíferos) y el tilacino (Thylacinus cynocephalus) un marsupial cuya anatomía y morfología nos recuerda a la de ese grupo de mamíferos, puesto que en su ecosistema cumple la misma función que estos carnívoros.

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