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Cuando biodegradable y compostable no significan lo mismo

Publicado por Ramón Contreras

Uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la humanidad del siglo XXI a nivel ecológico es la aparición de plásticos en todas partes. Desde que se acuñó la palabra microplásticos para hacer referencia a los plásticos microscópicos que podían encontrarse analizando muestras al microscopio hemos descubierto que aunque se trituren y desaparezcan para el ojo humano siguen existiendo plásticos y cada vez los encontramos en más sitios inverosímiles.

No existe un sello único a nivel mundial para garantizar que un producto es biodegradable o compostable

Esto no quiere decir que no se estén buscando soluciones. La eliminación de bolsas de plástico para la compra es una de las más conocidas. Sustituyendo a las tradicionales bolsas de plástico, encontramos tanto las bolsas que pueden ser usadas varias veces como bolsas que se descomponen. Estas últimas son las que llamamos bolsas degradables o biodegradables. El problema con ellas es que muchas veces no cumplen las expectativas que prometen, o al menos no como el consumidor las percibe. Y es que la industria y los consumidores tenemos ideas diferentes sobre qué significa que algo sea biodegradable.

Los usuarios muchas veces pensamos que son bolsas que se van a deshacer de forma natural, aunque acaben en un montón de tierra o en el mar. Dan una sensación, en ocasiones falsa, de ser más ecológicos. Sin embargo, para la industria biodegradable significa que la bolsa puede descomponerse en unas condiciones de humedad (se deshacen en agua), temperatura (por calor o la acción del sol) y organismos vivos concretos. Aquí es donde está el gran problema, puesto que a veces estas condiciones solo pueden conseguirse en la propia industria. Muchas veces estas condiciones industriales son poner a 60 °C durante 10 días. En la actualidad no hay una regulación a nivel mundial al respecto, aunque algunos países sí cuentan con normas sobre el uso de la palabra biodegradable o incluso compostable en las bolsas del supermercado o en las de basura. Además, en las sutilezas del lenguaje se queda cuánto tiempo está una bolsa biodegradable en ser degradada. A lo mejor simplemente se espera que se deshaga en los próximos 300 años, mientras que cuando la compramos nos imaginamos que a los pocos meses de haber tirado la basura esa bolsa ya no exista. Por ejemplo, el papel o el hierro son biodegradables. Ambos materiales son atacados por los avatares de la naturaleza y eventualmente se desharán. El hierro no durará mucho en el agua y el papel mojado se deshará en las fibras vegetales que lo componen, por ejemplo.

Como ya mencionábamos existe la diferencia entre biodegradable y compostable. Todos los productos compostables son biodegradables, pero a la inversa no es necesariamente cierto. Los productos compostables pueden ser deshechos en unos 90 días, siempre que las condiciones sean las adecuadas. Eso incluye bacterias, y estar enterrado a una profundidad determinada durante 3 meses (puedes leer qué es y cómo se hace el compost aquí). En definitiva, la reducción de los plásticos de todo tipo tiene que ser uno de los retos del siglo XXI para intentar evitar su propagación en la naturaleza. Además, el cambio de paradigma en la industria plástica tiene que alcanzar acuerdos con la sociedad para informar realmente de cómo funciona su producto y debe crearse una legislación que proteja los intereses de los consumidores y del medio ambiente.