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Citometría de flujo, inmunofenotipo, proteínas CD y detección de linfomas

Publicado por Ramón Contreras

La citometría de flujo es una de las técnicas más poderosas que tenemos a nuestra disposición en un laboratorio, con ella somos capaces de separar células o incluso moléculas (en un HPLC) según su tamaño o su forma. Además, si juntamos esto con la inmunología conseguimos poder separar una célula además por las proteínas que expresa en la membrana. Para conseguir esto se usan anticuerpos conjugados que se unirán específicamente a proteínas concretas de la superficie de la célula. Gracias a esta técnica se consigue hacer el llamado inmunofenotipo. Podemos saber qué proteínas presenta una célula en su superficie y con ello distinguir líneas celulares y subtipos que a simple vista son iguales en apariencia.

Los linfocitos cambiarán sus proteínas de membrana en función de contra que luchen

Pero, ¿por qué es importante hacer inmunofenotipado? Los linfocitos son los encargados de defender el cuerpo frente a la invasión exterior y también frente a los problemas internos. Para ello expresan en su superficie diferentes proteínas destinadas a combatir la enfermedad que sea. ¿Ves por donde va la cosa? Efectivamente, si separamos de la sangre los linfocitos y hacemos el inmunofenotipo podemos determinar cientos y miles de enfermedades solo por las proteínas que expresan en su superficie los glóbulos blancos.

La mayoría de enfermedades pueden diagnosticarse sin necesidad de llegar tan lejos. Sin embargo, muchos tumores pueden pasar desapercibidos antes de generar síntomas preocupantes, y cuando esto pasa ya es demasiado tarde. En estas circunstancias es interesante revisar “el armamento” de nuestros soldados, para ver contra qué están luchando. Además, los linfomas, tipos de cáncer que afectan especialmente a los linfocitos, producen cambios en las proteínas que expresan en su membrana. El inmunofenotipo puede no solo ayudar a dar un diagnóstico acertado sobre el tipo de cáncer, sino que además nos dará un pronóstico más acertado al conocer en profundidad el tipo concreto de cáncer que padece el paciente.

Las proteínas que expresan los linfocitos en su superficie que ayudan a defender el cuerpo contra diferentes enfermedades son la gran familia de los CD (del inglés Cluster of differentiation). Se han catalogado 371 hasta el 2016 y su función es muy variada. Tenemos ligandos a otras proteínas, canales de transporte, receptores y señales en cascada, etc. Lo importante es que cada CD nos transmite dos informaciones. La primera de ellas es la línea celular a la que pertenece una célula concreta. Por ejemplo, CD4 es típica de los linfocitos T (y todas sus subfamilias como los colaboradores, reguladores, monocitos, etc.) mientras que CD8 está presente en la línea de diferenciación o maduración de los linfocitos T citotóxicos.

Diferentes combinaciones de las proteínas de membrana CD caracterizan a las distintas poblaciones. CD4 y CD8 son de las más importantes, no solo porque establecen las principales líneas de linfocitos del organismo, sino porque también intervienen en el reconocimiento de los antígenos (las moléculas peligrosas). Esto tiene sentido, puesto que aquellos CD más generales estarán implicados en procesos comunes, mientras que otros CD solo aparecerán en la superficie de los linfocitos que se dedicarán a luchar contra virus, o contra bacterias, o contra células degeneradas del propio organismo (tumores).