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Rincón del naturalista: primeras observaciones de una planta.

Publicado por Javier García Calleja

Una vez que el aficionado ya ha hecho su primera aproximación a la terminología y los conceptos básicos de la botánica que le permitirán interpretar correctamente los dibujos y esquemas, ha llegado el momento de que se ponerse la gorra y el calzado de campo y empezar. Posiblemente, el mejor lugar para hacerlo sea el propio jardín de casa. Si no tenemos jardín, puede que sea suficiente con el patio o balcón, o dar una vuelta por el vecindario.

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Curiosamente, los jardines domésticos son uno de los lugares más apropiados para las plantas silvestres y cualquier esfuerzo que se haga para eliminarlas acostumbra a ser inútil. En el jardín solemos crear un gran número de hábitats diferentes en un espacio muy reducido. De esta forma coexisten las zonas desérticas de los caminos y lugares pavimentados, las cornisas, las superficies rocosas de piedras, paredes y tejados, las limpias y segadas praderas del césped y los bordes con plantas herbáceas. Incluso se da el caso de que determinados herbicidas destinados a debilitar a las plantas de mayor tamaño, por razones desconocidas estimulan el crecimiento de algunos vegetales más primitivos, como los musgos.

Equipo necesario

¿Cuánto material va a hacer falta? La respuesta es muy sencilla: tanto o tan poco como queramos. Se puede disfrutar mucho de la botánica de campo con unos pocos utensilios caseros. Comentaremos en otra entrada con más detalle el equipo necesario para dibujar y pintar, pero hay un par de accesorios que nos pueden simplificar mucho las cosas. Le será muy útil disponer de una base de dibujo con pinza incorporada para sujetar las hojas, y contar con algunas bolsas de plástico transparente para proteger sus trabajos de la lluvia y el barro. Es sorprendente ver la facilidad con que se puede ensuciar todo cuando se está trabajando en el campo y recogiendo muestras constantemente. También es una buena idea atar el lápiz o bolígrafo a un cordel y fijarlo a la tabla de dibujo o colgárselo del cuello, de lo contrario, es muy probable perderlo antes de cinco minutos.

Junto a esto,la indispensable libreta: el cuaderno de campo, donde se recogen todas las observaciones pertinentes a nuestros pequeños descubrimientos.

Si deseamos tomar notas bastante detalladas será indispensable una cinta métrica. También algunos pequeños frascos con tapón de rosca o a presión; los de las especias de cocina son ideales. O las cajas de cerillas. Igualmente, harán falta unas pinzas, algunas agujas de disección (pueden hacerse fácilmente pegando un alfiler a un lápiz), cuentagotas o pipeta y una cuchilla bien afilada y convenientemente protegida.

Con algún instrumento de aumento podrá disfrutar mucho más de sus observaciones y apreciará los detalles más sutiles, tales como pelos, poros, tipos de estigmas y granos de polen. Una lupa normal y corriente puede ser suficiente, pero lo ideal es una lupa económica de diez aumentos similar a las que emplean los joyeros.

La mayor parte del material necesario para la botánica práctica puede encontrarse en casa o adquirirse en una tienda de material científico. No es necesario gastar mucho dinero pues el elemento más costoso es la lupa de joyero (o cuentahilos). Por lo demás, sólo hacen falta algunos lápices, rotuladores, botes, tenacillas, agujas, cuentagotas y una libreta para ponerse manos a la obra.

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