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Simbiosis entre orquídeas y sus polinizadores

Publicado por Ramón Contreras

Las orquídeas son una de las plantas con flores con mayor diversidad del planeta, tan solo superada por las plantas compuestas. Sus flores de impactantes colores y formas tan alejadas a la norma floral hace que este grupo sea muy apreciado para la decoración. Sin embargo, la idea subyacente a estas formas intrincadas no es atraer a los seres humanos para que las cultiven y las reproduzcan sino que la forma tan especializada que han desarrollado funciona como un reclamo para atraer a los insectos polinizadores. El 97% de las orquídeas necesitan la acción de un polinizador para completar su ciclo vital y acarrear el polen de una flor a la siguiente. Algunas orquídeas se han adaptado enormemente a esta simbiosis, de tal forma que tan solo una especie animal se encarga de polinizar sus flores. Esto causa que fuera del hábitat del animal, normalmente un insecto pero a veces un pájaro, estas plantas no puedan reproducirse. Estas especies de orquídeas son un claro ejemplo de lo que puede pasar si se elimina una especie del medio, otra especie relacionada con ella desaparecerá también.

Las flores de las orquídeas tienen las características propias de las monocotiledóneas. Su estructura con un único eje o zigomorfa forma parte de sus características distintivas, pero también los colores y los olores juegan un papel importante en la polinización. El labelo, una pieza de la flor, en algunas especies ha evolucionado para dotar la forma de un insecto concreto con el fin de atraer a sus polinizadores. Mientras que otras han evolucionado para segregar pequeñas gotas olorosas a modo de recompensa para los insectos.

La estrategia de generar néctar no forma parte del repertorio de la gran mayoría de las orquídeas. Sin embargo, sí que segregan productos que engañan a las abejas y abejorros para que las visiten. Sin embargo, cuando la abeja recorre dos o tres flores de la misma planta y descubre el engaño es posible que abandone la búsqueda de néctar en esas plantas por un tiempo. Por otro lado son las menos las especies de orquídeas que segregan realmente néctar para ofrecer una recompensa a los himenópteros y otros polinizadores. Siguiendo con los engaños otras orquídeas (el género Cephalanthera) simulan poseer polen para atraer a los polinizadores. De modo parecido al anterior los insectos acabarán aprendiendo el engaño tras visitar un par de flores y la tasa de polinización de estas orquídeas es muy baja.

Otras especies de orquídeas han desarrollado estructuras similares a nidos de abejas para atraerlas a depositar su carga, con lo que rozarán sus órganos sexuales permitiendo la polinización. En este aspecto, Orchis papilonacea tiene un doble engaño, por un lado parece simular un nido de abeja y además poseer néctar.

Finalmente, un caso increíble es el de gran variedad de orquídeas que han evolucionado para que su labelo adopte la forma y el color de un insecto concreto, siendo el género Ophrys su máximo exponente. A esto hay que añadir que han desarrollado excreciones que son muy similares en olor a las feromonas femeninas del insecto que imitan. Los machos de la especie de insecto se acercarán e intentarán copular con el señuelo durante varios minutos. Esto asegurará que el polen se adhiere al cuerpo de los insectos y viajará a la siguiente planta. Como último recurso algunas especies justo antes de marchitarse permiten que la flor se autopolinice. Esta estrategia es seguida nuevamente por plantas del género Ophrys.

Como se puede ver la polinización de las orquídeas es muy complicada y presenta muchas veces más de un mecanismo de polinización para asegurarse la fecundación y la formación de semillas.

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