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El esófago, tejidos y funciones

Publicado por Ramón Contreras

El esófago es una de las partes fundamentales del sistema digestivo de la mayoría de animales. Todos los animales, vertebrados e invertebrados, que cuentan con una boca (ya sea masticadora, chupadora, etc.) y un estómago tienen un esófago puesto que se define justamente como el tubo que conecta la faringe (que es el tubo que conecta con la cavidad bucal) con el estómago. Evidentemente dependiendo del tamaño del animal el esófago será de diferentes dimensiones. En jirafas el esófago recorre todo el cuello y hace algunos metros de tamaño, mientras que en humanos no llega a los 30 cm de longitud.

La función del esófago es muy sencilla pero fundamental, tiene que llevar los alimentos desde los primeros miembros del sistema digestivo hasta el estómago donde una digestión química de los alimentos tendrá lugar. Lee más sobre el estómago y esta digestión en los artículos que le dedicamos aquí y aquí (próximamente). El esófago empieza en la parte más cercana a la cabeza del cuello y lo recorre hasta introducirse dentro de la caja torácica de vertebrados o hasta el tórax de insectos. Allí llegará hasta el estómago, que en mamíferos se encuentra en la parte inferior de la caja torácica.

El esófago está compuesto estructuralmente por dos capas concéntricas de tejido propio del sistema digestivo. Una capa mucosa formada por un epitelio celular estratificado es la que se encuentra en contacto con los alimentos, mientras que la acción conjunta de dos capas de musculatura lisa es la que promueve el movimiento de los alimentos hacia el estómago. El bolo alimentario baja en parte ayudado por la gravedad, pero es necesaria la acción muscular para que se lleve a cabo correctamente, si no fuese así los animales no podrían comer tumbados, o con la cabeza hacia abajo (como lo hacen muchos animales en la naturaleza). Para llevar a cabo este movimiento se necesitan: una capa de musculatura lisa longitudinal, que se mueve arriba y abajo y otra capa perimetral que se cierra y se abre ayudando con este efecto a que el bolo alimentario avance a través del esófago.

El esófago en mamíferos está delimitado por dos esfínteres que controlan la entrada y la salida de sustancias del tubo. Conectando con la faringe se encuentra el esfínter esofágico superior que mediante la apertura y el cierre de su musculatura involuntaria permite la entrada del alimento. Al final del esófago encontramos el esfínter esofágico inferior, sí bien no es una barrera anatómica sí es una sección del esófago con unas características físicas diferentes que necesita el estímulo de la llegada de la onda peristáltica provocada por el bolo alimentario para abrirse, además necesita recibir señales bioquímicas desde el estómago para relajar su musculatura.

El control del esófago es completamente involuntario, en contraposición a la deglución que es un movimiento muscular consciente. De esta manera el individuo ya no ha de pensar activamente en seguir bajando el bolo alimentario desde el cuello hasta el estómago, el cuerpo solo se encarga de mover la musculatura para hacerlo. En humanos el alimento tarda unos 8 segundos en recorrer todo el esófago. Si en algún momento el sistema detecta que no está bajando correctamente el alimento el esófago puede producir un segundo tipo de movimientos peristálticos diferentes para intentar vaciar el esófago, que se denomina peristaltismo secundario.

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