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Coronavirus, Bioseguridad y Equipos de Protección Individual (EPI): guantes y mascarillas

Publicado por Ramón Contreras

Durante la crisis del Covid-19 se ha puesto de manifiesto la importancia de la sanidad e higiene pública. Lavarse las manos durante 30 segundos o no estornudar sin taparse no son prácticas modernas y revolucionarias, sino que son la base de la higiene pública que todo el mundo recibe en los colegios, pero que a falta de necesidad muchos la pierden. En los países asiáticos es costumbre llevar mascarillas al menos indicio de enfermedad contagiosa, más para no infectar a otros que por miedo a ser infectado. Sin embargo, en esta epidemia una de las asignaturas pendientes de la población ha sido la correcta utilización de los métodos de prevención. El uso de gel desinfectante, guantes y mascarillas ha llegado hasta límites nunca vistos. De igual modo la mala praxis en su uso ha sido también estratosférica. Y es que no basta con ponerse una mascarilla o unos guantes. El personal que está en contacto frecuente con riesgos biológicos aprende a ponerse una mascarilla y unos guantes. Ponerse unos guantes para evitar contagios no es como ponerse unos guantes para la nieve, ni ponerse una mascarilla es ponerse una bufanda. Se necesita tiempo de práctica y costumbre para realizar esos gestos sin peligro de contaminación.

Los Equipos de protección individual (EPI) varían con los diferentes puestos de trabajo. No tiene las mismas necesidades de protección un obrero en un andamio que un bombero o que un investigador del ébola. En el caso del Covid-19, como para otros virus, necesita cubrirse las mucosas de entrada, principalmente la nariz y la boca, pero también el lagrimal. Para la nariz y la boca está la mascarilla y para el lagrimal las gafas. Entonces ¿para que son los guantes? Está claro que es para no tocar cosas infectadas con la mano, pero como ya hemos dicho las manos no son una vida de entrada. Sin embargo, luego la mano va a todas partes. Los guantes nos servirán en este caso para poder asegurarnos que nuestras manos permanezcan no contaminadas cuando nos quitemos los guantes. Por supuesto hay que evitar tocarse a uno mismo con los guantes puestos, porque a efectos biológicos lo mejor es contarlos como siempre contaminados. En esta línea tampoco es recomendable tocar las llaves o el móvil con los guantes si luego vamos a tocarlos con las manos desnudas. De la misma manera no hay que tocar la mascarilla con los guantes, ni llevarla guardada en sitios donde puede entrar en contacto con esos objetos”contaminados”.

Sobre las mascarillas hay muchas cosas que decir. En primer lugar no sirve cualquier tela o bufanda para protegerte del coronavirus. El coronavirus viaja en el aire en partículas muy pequeñas, que pasan sin problemas por los agujeros de la tela y de muchas mascarillas sin filtro. Además, tienen que ajustarse bien sobre nariz y boca, porque sino es equiparable a no llevarla. Finalmente, tienen una vida útil. No se puede llevar la misma mascarilla durante toda la cuarentena. En general el uso de mascarillas generalizado tiene varios inconvenientes: Su uso indiscriminado hace que haya menos material para el personal que realmente lo necesita (personal hospitalario o gente inmunodeprimida). Su mal uso, ya sea por filtro deficiente, mala colocación, su uso excesivo da una falsa sensación de seguridad en gente que no está protegida que puede llevar a actitudes imprudentes y por lo tanto al contagio.

Es por esto que antes de utilizar este material sanitario e higiénico hay que aprender cómo hacer lo correctamente, cuándo hay que utilizarlo y cuándo hay que desecharlo. Y estas cosas solo se aprenden estudiando un poco sobre bioprotección y seguridad.

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