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¿Qué es un hemograma y para qué sirve?

Publicado por Ramón Contreras

Un hemograma es una prueba muy sencilla que puede realizarse para diagnosticar un amplio número de enfermedades, al menos en sus pasos iniciales. Muchas veces el hemograma será solo la primera etapa de una larga carrera por diagnosticar enfermedades raras o poco frecuentes.

En el hemograma se tomará una muestra de sangre y se realizará el conteo de las 3 líneas principales de células sanguíneas: leucocitos, eritrocitos y plaquetas. En un hemograma podemos obtener información de enfermedades de coagulación o relacionadas con el sistema inmune. La ventaja y el inconveniente de esta técnica que es que da una información general. Es una visión lejana de lo que pasa por las venas. Posteriormente, deberá realizarse otras pruebas para determinar qué es lo que está afectando a las células.

El hemograma cuenta todos los tipos celulares presentes en una muestra de sangre

Hay que diferenciar entre un análisis de sangre y un hemograma. Mientras que en el primero se hace un recuento de las sustancias que viajan en la sangre, ya sea el oxígeno, el dióxido de carbono, minerales como magnesio, zinc, o compuestos orgánicos como las hormonas, como la insulina; en el segundo contaremos las células que hay en el suero. Es posible realizar las dos pruebas a la vez, pero no son necesariamente hechas a la vez, por lo que se puede hacer un hemograma sin análisis de sangre y viceversa.

El hemograma nos dará el recuento de las plaquetas, los glóbulos rojos (eritograma) y los glóbulos blancos (leucograma), si el médico quiere solo el de un tipo celular lo puede pedir por separado.

El 95% de la población sana tiene el recuento de los tres tipos de células similar, el otro 5% se encuentra bien por arriba o bien por debajo de ese número, pero sin presentar enfermedades. Esto supone un problema para diagnosticar enfermedades que se relacionan con conteos bajos o altos de células en sangre. Así que se asume que pequeñas variaciones no implican necesariamente una enfermedad por sí sola. Deben buscarse otros datos para diagnosticar una enfermedad. Los valores de referencia para cada tipo celular varían entre laboratorios.

Sin embargo, el estándar se estableció en 1960. En esa época el hemograma contaba tan solo los glóbulos rojos y los blancos y no fue hasta la década de los 1970 que se añadieron las plaquetas. Posteriormente, se añadirán parámetros concretos que darán información adicional sobre el estado de salud de los 3 tipos celulares. Por ejemplo el tamaño de las células, o el volumen de las plaquetas se unían a otros parámetros que ya se miraban como el volumen corpuscular medio. La adición de estos parámetros contribuyó al conocimiento de enfermedades como la anemia falciforme y a la diferenciación de los diversos tipos celulares que se incluyen dentro de los linfocitos. Neutrófilos, 25-75% del total, linfocitos 15-45% del total, monocitos entre el 3 y el 10%, eosinófilos 1-5% y basófilos 0-2% del total de glóbulos blancos.

Todos estos datos aportados por un hemograma actual no solo nos darán el número de células de cada tipo, sino si su forma y contenido están dentro de los estándares. Gracias a ello podrá empezar el diagnóstico de varias enfermedades