Biología
Inicio Biogeografía, Microbiología Las bacterias (microbiota) que compartimos con familiares y desconocidos

Las bacterias (microbiota) que compartimos con familiares y desconocidos

Publicado por Ramón Contreras

Es una bonita metáfora de la vida pensar que el cuerpo humano es en realidad como un arrecife de coral en la que un organismo (nosotros) albergamos una riqueza ecológica enorme (las bacterias que habitan sobre nuestra piel o en nuestro intestino). De hecho nos ganan de mucho, frente a los 30 billones de células que tenemos de media los humanos, albergamos unos 38 billones de bacterias. Es cierto que las células humanas, eucariotas, son más grandes que las bacterias y que nosotros somos una sola especie frente a las decenas de especies que nos pueblan, pero ahí están los números.

Muhcas bacterias todavía no han podido ser estudiadas en profundidad porque no se han podido crecer en laboratorio.

Cuando nacemos no tenemos ninguna bacteria en el cuerpo y al llegar al mundo empezamos a crear simbiosis con todo tipo de seres. Durante la primera infancia hasta el 34% de las bacterias del intestino son las mismas cepas que habitan el intestino de la madre. Las diferencias pueden deberse a las diferencias de dieta, el lactante tendrá unas bacterias especializadas en digerir los productos derivados de la leche. A medida que nos hacemos adultos y que esta dependencia se desvanece el porcentaje que compartimos también. Cuando llegamos a la adolescencia compartimos tan solo el 12%, este porcentaje es el que comparten dos personas que conviven en la misma casa. El 32% de las bacterias de la boca serán iguales para convivientes. Finalmente, dos personas completamente independientes de la misma ciudad tendrán un 8% de bacterias intestinales que pertenecen a las mismas cepas. En un estudio realizado se observó que incluso dos gemelos idénticos que viven en casas diferentes comparten tan solo ese 8%, lo que descarta que la genética influya en las poblaciones bacterianas que albergamos y da más peso al ambiente y a la dieta como principales factores que rigen nuestras simbiosis. Dos personas de continentes distintos comparten el 0% de las cepas bacterianas. En todo momento estamos hablando de cepas bacterianas. Las bacterias tienen una capacidad de mutar muy elevada y las diferentes cepas (subdivisiones dentro de una misma especie) pueden llegar a ser muy específicas. Tanto es así que los estudios más recientes calculan que cada persona tiene cepas exclusivas de unas 800 especies bacterianas. La simbiosis es tan estrecha entre las bacterias y su entorno que han desarrollado modificaciones genéticas exclusivas para vivir en nuestro interior.

En el otro extremo, algunas de las bacterias más compartidas son muy poco conocidas, hasta el punto que algunas de ellas ni siquiera han podido ser cultivadas en el laboratorio todavía. A todo esto hay que sumarle la relación creciente que está descubriéndose entre la microbiota con algunas enfermedades como el cáncer. Tal vez el estudio de esta flora intestinal sirva para predecir, o incluso tratar de forma profiláctica la aparición de estas enfermedades.

La transmisión de las bacterias bucales puede entenderse por el contacto estrecho entre las personas en el día a día. Por otro lado surge la duda de como estamos transmitiendo las cepas intestinales dentro de una ciudad. Es cierto que muchas de ellas no son exclusivas del intestino y que pueden vivir fuera de nuestros cuerpos y las podemos conseguir de esta manera.

Como comentario final, estos nuevos datos sobre la especificidad de la biota intestinal podría usarse en el futuro como una potente herramienta para descubrir los viajes de las personas o sus lugares de procedencia.