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De dónde vienen los glóbulos blancos

Publicado por Ramón Contreras

Que las personas mayores son más vulnerables a enfermedades no le vendrá de nuevo a nadie. Se puede achacar a un sistema inmune ya no tan hábil o a fallos orgánicos de diferente índole. La gripe o el coronavirus de la COVID-19 tenían y tienen peor pronóstico en gente de edad avanzada que no en jóvenes. Pero la verdad es que teniendo un cuerpo sano a cierta edad siguen siendo las enfermedades contagiosas, y concretamente las que afectan a las vías respiratorias, uno de los principales quebraderos de cabeza para los médicos geriátricos. Si bien hasta ahora se asociaban a problemas del sistema inmune en general, un reciente estudio ha encontrado un deterioro en los macrófagos, un tipo de glóbulos blancos que se encargan de detener las infecciones en los tejidos.

Los monocitos, las células grandes y azuladas, darán lugar a los macrófagos por división celular

Los macrófagos son capaces de salir del torrente sanguíneo y pasar a los tejidos. Allí se pueden mover entre las células buscando restos de bacterias, virus o cualquier sustancia extraña. Cuando la encuentran la introducen en su interior mediante fagocitosis y la degradarán. Cuando han “comido” muchas sustancias raras mueren y se degradan por procesos normales sin prejuicio para el individuo. Cuando detectan cuerpos extraños, envían una señal química para atraer a otros responsables de la respuesta inmune. Esta llamada se hace con citocinas en un proceso llamado cascada de citocinas y que causa inflamación en la región, puesto que atrae a otras células y dilata los vasos sanguíneos para que puedan llegar.

En una infección leve, los macrófagos del propio tejido, por ejemplo los pulmones, se encargan de neutralizar la amenaza. Algunos de ellos morirán, pero serán reemplazados por división celular de monocitos de origen fetal que estaban almacenados en el hígado o bien viajando en la sangre preparándose para convertirse en otros tipos de glóbulos blancos.

Llegados a este punto hay que decir que los macrófagos pueden proceder de dos poblaciones de monocitos. Por un lado, las que están en el hígado o en la sangre y por el otro la población que se encuentra en la médula ósea. Hasta ahora se creía que ambos tipos de monocitos eran iguales. Unos se habían creado durante el desarrollo embrionario y estaban en el hígado y los otros se habían quedado en la médula ósea y allí esperaban a diferenciarse cuando hicieran falta.

El estudio más reciente ha demostrado que cuando los macrófagos de los pulmones de ratones mueren deteniendo la infección de donde vendrá el reemplazo será de vital importancia. Por decirlo de manera sencilla, si vienen del hígado, de los monocitos fetales, repoblarán los pulmones y digamos que tendrán la misma respuesta que los macrófagos primeros. Sin embargo, cuando se acaban los macrófagos del pulmón y los del hígado no dan abasto para enviar los suficientes, si vienen de la población que estaba reservada en la médula ósea. El estudio ha demostrado que estos macrófagos son más activos y, por lo tanto, causarán una mayor cascada de citocinas. Esto causará mayor inflamación y agravará la enfermedad.

La gente mayor no tiene una tasa de reposición celular tan alta como los jóvenes, por lo que los monocitos de la médula suelen actuar. Esta es la razón por la que las enfermedades como la gripe o la COVID causan mayores problemas en personas mayores.