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Genética e historia: la peste negra

Publicado por Ramón Contreras

La genética es una de las ramas de la biología que, en contra de la creencia popular, apareció hace más tiempo. Se considera su inicio en el año 1865 con los trabajos de Gregor Mendel. Sin embargo, desde tiempos pretéritos se conocían las propiedades genéticas intrínsecas de los seres vivos y se cruzaban animales y plantas para obtener los productos más interesantes para el ser humano.

La máscara de los médicos de la peste ha quedado en la memoria colectiva de la humanidad asociada a la desgracia.

La máscara de los médicos de la peste ha quedado en la memoria colectiva de la humanidad asociada a la desgracia.

Además de la gran importancia de estos avances en la historia del ser humano, la genética moderna puede ayudarnos a comprender mejor la historia, no solo del ser humano, sino también del planeta. Por poner un ejemplo, la especiación o las diferencias genéticas entre dos poblaciones pueden hablarnos sobre las glaciaciones y cómo afrontaron cada especie los cambios climáticos.

Recientemente se ha empezado a trabajar en el campo de la genética histórica. Dentro de este campo es, tal vez, la epidemia de peste negra del siglo XIV uno de los objetos de estudio más suculento. La pandemia del siglo XIV mató a un tercio de la población del continente. ¿Cómo pudo la peste afectar a tanta gente en Europa?

Gracias a los estudios genéticos sobre muestras recuperadas de esa época de Yersinia pestis, la bacteria causante, se ha podido averiguar que mutaciones específicas tenía esa virulenta cepa. Comparando muestras de ADN del patógeno actual con el ancestral se han podido observar los cambios en las proteínas de la pared celular, de su endotoxina y de la exotoxina murina, que pudieron hacer saltar a Y. pestis desde su área de distribución histórica hasta Europa.

Además, estos estudios basados en las nuevas tecnologías, que son capaces de recuperar el ADN de muestras antiguas, permiten localizar un patógeno en un punto histórico. Lo cual resulta, desde el punto de vista del historiador, de gran valor. Ayudando no solo a demostrar la epidemia de la peste negra, sino también de otras enfermedades del pasado como la lepra, la tuberculosis o el cólera. Yendo un poco más allá estas nuevas técnicas podrían llegar a decirnos ¿de qué enfermaban los mamuts? O incluso los dinosaurios.

Volviendo a la realidad histórica del uso de la genética, estos estudios pueden ayudar a responder a las preguntas ¿dónde? ¿cuándo? y ¿por qué? Se desata una epidemia como la peste bubónica. Sobre todo teniendo en cuenta que Y. pestis, existe en la actualidad sin la enorme mortandad que provocaba antaño.

La epidemia que asoló Europa según la hipótesis que proporcionan las pruebas genéticas posiblemente surgió en el Tíbet y recorrió de Este a Oeste el continente Euroasiático. Gracias al seguimiento histórico de la enfermedad se han recuperado muestras de diferentes áreas, con diversos niveles de virulencia. Con estas muestras los genetistas han sido capaces de establecer las bases moleculares que dieron lugar a que la enfermedad se desarrollara de forma tan mortífera. Reforzando y generando nuevas hipótesis sobre la dispersión de la enfermedad por Europa en el siglo XIV.

Del mismo modo que la genética histórica ha ayudado a una mejor comprensión de la peste bubónica las aplicaciones de este campo al descubrimiento de América podrían arrojar luz al intercambio de enfermedades que hubo entre los indígenas americanos y los colonos europeos. Donde los primeros se vieron afectados por la viruela, el sarampión, escarlatina, peste, entre otras. Y, aunque muchas veces se olvida, los colonos europeos se enfrentaron por primera vez a la sífilis.

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