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La Peste de Justiniano una peste genéticamente como ninguna otra

Publicado por Ramón Contreras

La peste de Justiniano no hace referencia a que el pobre Justiniano (emperador del Imperio Romano de Oriente) oliera mal o no se lavase. Fue una pandemia de peste bubónica que se extendió por el mediterráneo durante unos doscientos años, afectando a puertos de los tres continentes que por entonces estaban muy ligados al Imperio romano de Oriente. Los registros de la época sitúan el inicio de la pandemia a mediados del siglo VI d. C. y no remitiría hasta el 750 d. C. aunque seguiría pegando coletazos por el mediterráneo durante siglos hasta la siguiente gran plaga de peste negra en la edad media.

La peste de Justiniano no solo fue un evento histórico significativo, sino que también ha sido objeto de numerosos estudios científicos. Los científicos han estado particularmente interesados en entender cómo la peste pudo propagarse tan rápidamente y tener un impacto tan devastador en la población. Algunas teorías sugieren que la rápida propagación de la peste pudo haber sido facilitada por las condiciones de vida en ese momento, que a menudo implicaban hacinamiento y falta de higiene. Además, la falta de conocimientos médicos y de medidas de control de enfermedades habría permitido que la peste se propagara sin control.

El estudio de los restos han confirmado que las Yersinia pestis que produjeron la peste de Justiniano han demostrado que están relacionados lejanamente con las pestes medievales y los brotes actuales (es decir, que son la misma especie). Su estudio es fundamental para entender como evolucionan los patógenos y porque tanto la peste de Justiniano como la de la época medieval acabaron con entre el 25 y el 50% de la población humana cuando ocurrieron. Ya hemos realizado un par de artículos recabando información sobre estos inquietantes a la par que sorprendentes sucesos. Puedes leer sobre la bacteria que causa la peste bubónica y pestis aquí, o sobre la genética de la enfermedad y la historia aquí. Justiniano fue afectado por la peste durante su reinado, pero sobrevivió.

Además de su impacto en la salud humana, la peste de Justiniano también tuvo un profundo impacto en la sociedad y la cultura de la época. Las muertes masivas causadas por la peste desestabilizaron las estructuras sociales y políticas existentes, lo que a su vez condujo a cambios significativos en la sociedad. Por ejemplo, la pérdida de mano de obra debido a la peste puede haber contribuido a la caída del Imperio Romano de Oriente.

Los restos que estudiamos para analizar al patógeno en diferentes épocas nos dejan huecos en la historia. Muchas veces las muestras están separadas por años o décadas y en ese tiempo no sabemos como ha mutado la bacteria. Lo que sí sabemos con más o menos certeza es que todas se originan por un único contagio que luego al extenderse por los puertos se va diversificando. Los datos que tenemos de la plaga de Justiniano indican a que el infectado cero estaba en China o en el Himalaya, donde la peste es endémica, o en el interior de África. Si llegó desde China, se cree que el camino que tomó fue por el este de África hasta Egipto, pasando por Arabia, antes de empezar a infectar en el mediterráneo. El problema es que el Imperio Chino también tiene buenos registros escritos del siglo VI y no aparece reflejada ningún tipo de enfermedad como la peste de Justiniano hasta más de un siglo después. Esta falta de evidencia refuerza la idea de que la peste vino de Etiopía o Yemen, donde sí hay registros de infectados en el 540 d. C.

El árbol genealógico de la peste ha sido bastante estudiado. Se tienen referencias de ADN de muestras que abarcan unos 5.000 años de antigüedad. Gracias a eso sabemos que las ramas del árbol genealógico que dieron lugar a la peste de Justiniano no se encuentran hoy en día en la naturaleza, o como dijeron los autores del genoma en cuestión, todavía no ha sido encontrado en muestras actuales. Además, son genéticamente muy diferentes a las bacterias que dieron lugar a la peste negra o a las sucesivas pestes de los siglos XVI y XVIII. Esto hace pensar que en algún lado hay un reservorio (posiblemente en ratones) con capacidad de mutar y dar lugar a nuevas variedades con capacidad de causar nuevas pandemias.