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Pigmentos vegetales, no todo es verde

Publicado por Ramón Contreras

Se conoce en biología como pigmento una sustancia que da color a un tejido u órgano. En los animales los pigmentos protegen de las radiaciones en la piel o el exoesqueleto, o en los sistemas visuales permiten la visión gracias a su capacidad de absorber energía (son capaces de captar electrones del medio, la luz). Puedes leer más sobre la pigmentación de la piel y de los pigmentos que intervienen en la visión aquí y aquí (próximamente), respectivamente.

Los vegetales también deben protegerse de las radiaciones dañinas del sol, pero la mayor importancia de los pigmentos en los vegetales es la absorción de energía para su crecimiento, la fotosíntesis. Existen muchos tipos de fotosíntesis, la realizada por los cloroplastos de las plantas, la fotosíntesis de las algas rojas, las bacterias púrpuras y la de las bacterias verdes. Cada tipo de fotosíntesis se realiza gracias a unos pigmentos diferentes (que dan su color característico al organismo). Estas diferencias en los pigmentos hacen que puedan absorber energía de diferentes longitudes de onda. La longitud de onda de la luz tras 10 metros de agua de mar, no es la misma que en la superficie. Por eso, diferentes organismos se han adaptado para aprovechar un amplio espectro de la energía solar que es irradiada a la tierra.

La clorofila es el pigmento más conocido de todos los que se emplean para realizar la fotosíntesis. Esto es debido a que es capaz de absorber fotones en los extremos, de la longitud de onda, del visible. Es decir, absorbe en el azul (450 nm de longitud de onda) y en el rojo (600 nm) y refleja los colores intermedios (el verde). Existen media docena de clorofilas, siendo la clorofila a la única que se encuentra en todos los seres fotosintéticos. Puedes leer más sobre la clorofila en su propio artículo aquí (próximamente).

Pero la clorofila no trabaja sola. Existen otros pigmentos, llamados secundarios o accesorios, que captan fotones en otras longitudes de onda y que son capaces de ceder la energía en forma de electrón a la clorofila, que será la encargada de transformar la energía obtenida del sol en moléculas de almacenamiento de energía (NADPH).

Entre los pigmentos accesorios más frecuentes encontramos los carotenoides, que tienen colores que van del rojo al amarillo y absorben energía dentro del visible. Entre ellos se encuentran el licopeno, la fucoxantina (de las algas pardas) y el caroteno (presente en muchos frutos). Estos pigmentos no solamente colaboran con la clorofila en la fotosíntesis sino que además dan color a flores y frutos como tomates o zanahorias. Lee más de este grupo compuesto por más de 400 moléculas en su propio artículo aquí (próximamente)

Otro grupo muy frecuente de pigmentos fotosintéticos secundarios son las antocianinas. Estos pigmentos son indispensables en plantas vasculares tanto en hojas como en tallos o raíces y en los pétalos, en los que muchas veces son los encargados del color. Las antocianinas tienen un color que va del rojo al azul, dependiendo del pH en el que se encuentren. Más sobre las antocianinas aquí (próximamente).

Existen otros pigmentos específicos de algunos grupos de seres vivos fotosintéticos. Por ejemplo, las ficobilinas son pigmentos secundarios de algas rojas y cianobacterias, absorbiendo en longitudes de onda bajas. Las betalaínas, por su parte, son propios de la Clase taxonómica Caryophyllales, estas plantas no presentan nunca antocianinas.

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