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La digestión de los rumianes

Publicado por Ramón Contreras

Los rumiantes tradicionales son un grupo taxonómico perteneciente al Orden Artiodactyla, de la Clase Mammalia. Entre ellos se encuentran las cabras, las ovejas, las jirafas y los bóvidos. Todos ellos se recogen en el Suborden taxonómico Rumiantia. Puedes leer más sobre ellos en el artículo que les dedicamos a ellos en exclusiva aquí. A parte de ellos existen otros mamíferos con adaptaciones similares en su tubo digestivo, que si bien no forman parte del grupo taxonómico se puede considerar que realizan una digestión similar. Algunos de estos animales son el canguro, el caballo o los camellos.

El sistema digestivo de los rumiantes permite a estos herbívoros consumir el alimento arrancando el forraje con los labios, lengua y la almohadilla dentaria y digerirlo una primera vez. Después lo regurgitan y lo vuelven a masticar, pero esta vez durante un tiempo más prolongado, ayudando a deshacer más las briznas de hierba y a continuación lo vuelven a digerir.

El sistema digestivo de rumiantes se caracteriza por tener un estomago compartimentado en cuatro partes. Nada más comer la hierba ésta va a parar a través del esófago a la panza o rumen. Este compartimento está especializado en la fermentación de la celulosa, principal componente de las paredes celulares de las plantas. Para ello en la panza se encuentran microrganismos simbiontes (principalmente bacterias) capaces de llevar a cabo la rotura de las moléculas de celulosa (proceso que los mamíferos no puede hacer). El rumen contiene el 66% del material que se está digiriendo. Se divide a su vez en tres sacos (craneal, ventral y dorsal). Los microrganismos transforman la glucosa de la celulosa en sus propias proteínas, que serán digeridas por el rumiante. La comida puede circular de la boca al retículo-rumen entre 1 y 2 días.

Esquema del complejo sistema digestivo de rumiantes

Esquema del complejo sistema digestivo de rumiantes

Situado en frente del rumen se encuentra el retículo. Forma un conjunto con la panza y permita, gracias a su fuerte contracción muscular, la regurgitación de las partículas grandes del bolo alimenticio. Si el alimento ya está suficientemente triturado del retículo pasa al amaso, el siguiente compartimento estomacal. En el omaso se absorben los ácidos grasos, sales minerales y el agua del alimento. En menor medida se sigue fermentando el alimento en el omaso. Este pequeño compartimento ovoide es solo el 4% del peso del tracto digestivo y su superficie presente muchos plegamientos a fin de aumentar su superficie de absorción.

A continuación el bolo llega al abomaso. En este compartimento se lleva a cabo la auténtica digestión del alimento. Gracias a los ácidos gástricos se digieren los carbohidratos y las proteínas de origen vegetal y microbiana (esta última supone unos 2 kilos al día). El alimento viaja entre el omaso y el abomaso en 2 horas.

Siguiendo con la digestión el bolo alimenticio llega al intestino delgado donde los enzimas digestivos siguen deshaciendo las moléculas complejas del alimento. Los órganos secretores de este tramo son el páncreas, el hígado y las glándulas propias del intestino delgado. A continuación en el intestino grueso en el ciego se lleva a cabo una segunda fermenación microbiana en el resto del intestino grueso se lleva a cabo la absorción de los nutrientes que se han obtenido de la las digestiones previas. El bolo pasa en los intestinos entre 10 y 20 horas.