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Ecolocalización

Publicado por Ramón Contreras

Todos los seres vivos han desarrollado formas de conocer el estado del medio que les rodea con el objetivo de poder dar una respuesta eficaz a los cambios que tienen lugar en él. Los animales, debido a su capacidad para desplazarse deben ser capaces de captar gran cantidad de datos de su entorno. Muchos animales han desarrollado sus sentidos para captar el entorno, ya sea el oído, la vista como el olfato. Muchos animales terrestres han optado por mejorar su vista aprovechando la claridad del aire, siendo los pájaros los que mejor vista tienen de todos los vertebrados. Por otra parte aquellos animales que viven en ambientes donde la luz es escasa se habrán decantado por otro tipo de sentidos para entender su entorno. Nos referimos a animales que son nocturnos o que viven bajo el agua, donde el ambiente puede enturbiarse o a profundidades donde la luz del sol no llega.

La habilidad de conocer donde se encuentran los objetos en su entorno gracias a la emisión de sonidos y la recepción del eco se conoce como ecolocalización. Varias especies de grupos alejados han desarrollado esta habilidad. Por ejemplo, varios cetáceos como los delfines y los cachalotes en el mar y los nocturnos murciélagos también hacen uso de esta habilidad. Pero incluso algunos pájaros son capaces de saber dónde se hayan los objetos gracias a la ecolocalización. Estos pájaros son en general cazadores dentro de cuevas donde la oscuridad es muy acusada. Los seres humanos, y otros muchos animales, por el contrario son incapaces de localizar objetos gracias al eco, aunque es el principio que emplean los submarinos y los barcos con el sónar.

Estos animales emiten sonidos a una frecuencia determinada y son capaces de recoger el eco de estos sonidos y gracias a la diferencia en tiempo entre la señal y el eco pueden establecer la posición de los objetos, Más aún son capaces de detectar las diferencias de tiempo de recepción de cada oído, con lo que pueden “colocar” el objeto no solo a la distancia adecuada sino también en la posición adecuada. Las diferencias de frecuencia en el eco respecto al sonido emitido también los sirve para dilucidar el contorno del objeto. De esta manera son capaces de saber cómo está distribuido su entorno sin depender de la luz.

En los cetáceos la capacidad de recibir los sonidos rebotados la obtienen gracias a unas cavidades rellenas de grasa aceitosa en su cabeza y mandíbula inferior. Las alteraciones en el líquido son percibidas en el cetáceo como ecos de los objetos que tiene enfrente. Es por este motivo que los delfines van moviendo la cabeza en todas direcciones mientras nadan, para captar la totalidad de lo que tienen delante. Los murciélagos por su parte reciben el eco en los oídos, que tienen especialmente desarrollados. En ambos casos la emisión de sonidos es muy variada y emiten en una frecuencia muy amplia hasta 100.000 Hz, muy por encima d la capacidad auditiva humana.

Así como se cree que las diferentes manadas de delfines emplean sonidos diferentes en una especie de lenguaje propio de cada manada en los murciélagos varias especies comparten gran número de sonidos iguales.

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