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La problemática de las especies invasoras

Publicado por Ramón Contreras

Uno de los principales problemas al que se enfrenta un ecosistema es la introducción de especies invasoras. Estas especies que no cuentan con depredadores naturales en el nuevo ambiente proliferan rápidamente y pueden desequilibrar la dinámica del ecosistema. El ecosistema se verá modificado, muchas veces con una pérdida de diversidad importante, a causa de la especie invasora.

Los conejos son una especie invasora en Australia.

Los conejos son una especie invasora en Australia.

Se considera especie invasora a toda especie que no es propia de un ecosistema y por cualquier motivo es capaz de alterar la dinámica poblacional y la diversidad de las especies propias del ecosistema.

La mayoría de especies introducidas artificialmente en un ecosistema acaban siendo un problema. Aunque existen especies que no suponen un problema, como los cactus (todos americanos) introducidos en Europa. Existen especies invasoras tanto animales como vegetales. La mayoría de ellos han sido introducidos por el ser humano o, en muchas ocasiones, se han asilvestrado tras escaparse. También es común encontrar especies invasoras cuyo origen fue la suelta de mascotas cuyos dueños ya no las querían más y dándoles la libertad ocasionan un deterioro de su ecosistema.

Las rutas de transporte de mercancías son los lugares más probables para la migración de especies. En los barcos, a través de los canales creados por el hombre, en las plantas y la madera transportada pueden sobrevivir muchas especies de invertebrados capaces de colonizar los nuevos ambientes. Un caso importante es el de las termitas que transportadas en las maderas de muebles y otros artículos suponen un problema para la flora local. Este es el caso de las termitas en Florida, donde dos especies invasoras (no autóctonas) han empezado a cruzarse, creando un híbrido capaz de reproducirse al doble de la velocidad normal.

Las especies que son invasoras en una región no son perjudiciales en su propio hábitat. En sus lugares de origen estas especies forman parte del ecosistema y cuentan con depredadores o competidores naturales que impiden la drástica proliferación de estas especies. Por ejemplo el conejo europeo fue introducido en Australia con objetivo cinegético. Sin embargo, el conejo, que es una especie con una reproducción muy rápida, proliferó mucho más allá de lo que se extiende en Europa. Esto es debido a que en Australia el conejo no tenía los depredadores que sí existen en Europa (lobos, linces, águilas, etc.). Rápidamente esta especie aumentó extraordinariamente su número y en consecuencia empezó a comer todo tipo de vegetales australianos. El ecosistema australiano se caracteriza por ser muy delicado, debido a su complejidad y diversidad. Es por esto que un animal tan “inocente” como un conejo representa una amenaza para él.

En ocasiones la pérdida de un depredador en un ecosistema puede dar lugar a la conversión de una especie autóctona en invasora. La pérdida de los lobos salvajes europeos está dando lugar a un aumento en las poblaciones de herbívoros que agotan rápidamente los recursos del ecosistema.

No todas las especies consiguen naturalizarse. Para ello es necesario que la especie encuentre un recurso que puedan explotar (comida) y han de ser capaces de formar colonias y reproducirse, hasta que la proliferación de esta nueva especie desplace a las poblaciones autóctonas que cumplen el mismo nicho ecológico.

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