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Cómo funciona la técnica de inmunología ELISA

Publicado por Ramón Contreras

El sistema inmune de los animales es muy específico y en general funciona bastante bien, aunque sigamos teniendo enfermedades. La investigación del mundo biológico se ha aprovechado de las propiedades del el sistema inmune prácticamente desde que se descubrió como funcionaba. Los anticuerpos tienen la capacidad de reconocer específicamente y con muy poco margen de error una única proteína determinada, y depende como se trabaje, se pueden reconocer las pequeñas modificaciones que un patógeno vaya incluyendo en la molécula para intentar desviar la atención del sistema inmune. En cualquier caso, hay varias técnicas que implican el uso de anticuerpos, una de las más conocidas y extendidas es la ELISA. Estas pruebas se emplean para detectar todo tipo de cosas, desde alérgenos alimentarios hasta proteínas relacionadas con el cáncer o proteínas relacionadas con otras enfermedades y en general diferentes biomarcadores que se encuentran en el torrente sanguíneo.

Un test ELISA mostrará cambio de color en los pocillos donde haya antígeno.

Pero, ¿qué significa ELISA? Es el acrónimo en inglés de enzimoinmunoensayo de adsorción. Efectivamente, como su nombre indica, es un enzimoinmunoensayo, esto quiere decir que los anticuerpos que se emplean en esta técnica se encuentran conjugados (unidos químicamente) a enzimas. En esta, y en todas las técnicas de detección directa, los anticuerpos se unen a enzimas de tal manera que su capacidad de unir el antígeno (lo que sea que esperamos encontrar) no se ve alterada por esta unión. De esta forma, el anticuerpo se unirá al antígeno (una proteína típica del cáncer o de un virus) y será la enzima quien nos revele que esto ha pasado.

El ELISA consta de varias fases. Primeramente, tenemos que fijar el anticuerpo o el antígeno Para facilitar el ejemplo fijaremos el antígeno. El primer paso será fijar el antígeno, ya sea sangre, orina o cualquier tipo de muestra, a una membrana que tiene partículas que se unirán de forma indiscriminada a todo tipo de proteínas (pueden ser partículas de látex, esferas magnéticas, etc. hay diferentes sustratos que pueden usarse). En un segundo paso presentaremos el anticuerpo a la membrana. Esto quiere decir que haremos pasar el antígeno marcado por la membrana, poniendo. Después de una incubación adecuada para dar tiempo a que los anticuerpos marcados se hayan unido a los antígenos, retiraremos el excedente de anticuerpos, todos aquellos que no se hayan unido a nada. Esto se puede hacer con un simple lavado, retirando el líquido o centrifugando la muestra. La forma de retirar el exceso de anticuerpo dependerá del soporte utilizado. El anticuerpo sobrante se ha de retirar, puesto que si lo dejamos interferiría con el paso siguiente dando un falso positivo. Finalmente, en el ELISA se revelará la unión antígeno-anticuerpo haciendo que la enzima unido al anticuerpo se active. Estas enzimas marcadores suelen producir un cambio de color o generan luz o algún tipo de cambio visible. Para ello, pondremos el sustrato que necesita la enzima para funcionar a la membrana y esperaremos a ver el cambio de color. Si hay color es que está la enzima y, por lo tanto, nuestro anticuerpo se ha unido al antígeno que habíamos fijado a la membrana. Por esto es importante retirar el exceso de anticuerpo de la muestra. Si no lo hiciéramos, las enzimas asociados a estos anticuerpos libres también generarían un cambio de color.

El ELISA es una prueba muy rápida y fácil de hacer que puede reconocer una enorme cantidad de sustancias, siempre y cuando tengamos el anticuerpo conjugado adecuado para revelarlo.