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El cerebro sabe cómo crecen las bacterias del intestino

Publicado por Ramón Contreras

No será la primera vez que oyes que la barriga piensa por su cuenta o que tiene un cerebro propio o que hay gente que piensa con el estómago, y es que se van acumulando evidencias de que el cerebro toma nota de todo lo que pasa en el cuerpo y un poco más allá. El estómago es un órgano esencial para vivir y el sistema digestivo es el resultado de una compleja adaptación a la dieta de la especie. Pero no solo eso, las bacterias que habitan los intestinos son esenciales para la descomposición del alimento y muchos animales tienen especies o cepas propias que les permiten digerir este o aquel alimento. Las bacterias del intestino de los humanos no son especies exclusivas, pero la proporción de cada una y mutaciones genéticas de alguna de ellas se ha demostrado que pueden causar enfermedades graves, incluso a nivel nervioso o de sistema inmune. Los subproductos que se producen del metabolismo de las bacterias se ha demostrado que viajan en la sangre del hospedador y gracias a esto el cerebro recibe señales específicas de la marcha de la digestión y responde acorde con las necesidades de sus huéspedes que irán en el interior del intestino.

Hasta ahora se sabía que las células del sistema inmune presentan un receptor denominado NOD2, que reconoce mureína, una molécula exclusiva de la pared bacteriana. Mediante este mecanismo pueden detectar, por ejemplo una infección. Sin embargo, un estudio reciente publicado en la revista Science, por un grupo de trabajo interdisciplinar francés compuesto por neurólogos, inmunólogos y microbiólogos ha demostrado que este mismo receptor está presente en la membrana de las neuronas. Este estudio llevado a cabo en ratones demuestra que algunas neuronas concretas expresan este receptor en regiones específicas del cerebro. Una de estas regiones es el hipotálamo, precisamente el órgano encargado de regular la ingesta de alimentos mediante el control del hambre y la saciedad.

En el estudio se ha comprobado que la presencia de muropeptidos en la sangre, que en una situación normal son una señal de invasión bacteriana, también son recibidos por las neuronas que actúan en consecuencia inhibiendo sus procesos básicos relacionados con la alimentación, pero también con la reproducción o la temperatura corporal. Por el contrario, en ausencia de los péptidos bacterianos el hipotálamo reanuda la actividad y estimula el apetito. Así, cuando se les desregulaba el receptor NOD2 a los ratones eran más propensos a engordar y a desarrollar diabetes de tipo 2 pues no tenían uno de los controles de la saciedad.

La mureína es una molécula compleja presente exclusivamente en bacterias

Esta vía de control directa entre bacterias y cerebro es completamente novedosa y parece establecer un control más estricto sobre la proliferación bacteriana en el intestino. Puesto que a menos comida que entra menor es el crecimiento bacteriano. Esto nos da una nueva herramienta para trabajar contra enfermedades que están en aumento como la diabetes o la obesidad. Gracias a estos nuevos conocimientos es posible que se puedan generar nuevos tratamientos que ayuden a controlar estos y otros problemas como por ejemplo la enfermedad de Crohn.