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Maduración sexual en crustáceos

Publicado por Ramón Contreras

Los sistemas de control fisiológicos son de vital importancia para el desarrollo del individuo. Cuando nace un crustáceo o un insecto todavía no tiene los órganos formados para su vida adulta. Muchas veces ha de cambiar radicalmente para poder crecer. Si bien es verdad que los mamíferos, por ejemplo, al nacer sus órganos sexuales no están desarrollados del todo, ya están formados. Aún más, todos los óvulos de la hembra de mamífero ya están es proceso de formación al nacer.

Aquí puedes ver las diferencias externas entre machos y hembras de crustaceos.

Aquí puedes ver las diferencias externas entre machos y hembras de crustaceos.

Los artrópodos por el contrario al nacer muchas veces no tienen ni la forma del adulto. Pensemos en las mariposas, al nacer son gusanos y solo tras la metamorfosis alcanzan su estado adulto o de mariposa. En este aspecto los crustáceos también presentan un estado larvario muy diferente del estado adulto. Esta larva se conoce como nauplio y puedes aprender más de ella aquí (próximamente). Es precisamente su sistema endocrino el que mediante la liberación secuencial de hormonas consigue llevar al crustáceo hasta la fase adulta y reproductiva. Puedes leer más sobre el crecimiento en crustáceos y el sistema endocrino aquí (próximamente).

Cuando el individuo llega a su muda de pubertad, el paso de juvenil a subadulto, se empiezan a llevar a cabo los ajustes hormonales para la maduración sexual. En este punto el órgano X que secreta hormonas inhibidoras de la muda, MIH, y de la maduración sexual GIH (hormona inhibidora de la gónada) deja de segregar y empieza el desarrollo. Cuando alcanzan la madurez sexual las mudas cambian su frecuencia entre machos y hembras, preparando a las hembras con los apéndices necesarios para acarrear los huevos, por ejemplo, o la formación del petasma masculino, cuya función es pasar el espermatóforo a la hembra durante la cópula.

Las hormonas implicadas en la reproducción y en la maduración sexual son diferentes dependiendo del sexo del individuo. Los machos presentan glándulas androgénicas cuya presencia permite la diferenciación a machos, la formación de testículos y espermatogénesis. Además la glándula andrógina también influye en el comportamiento sexual. La glándula andrógina frecuentemente aparece como una masa vermifome de células secretoras, que desemboca en los conductos deferentes. Las hembras carecen de ellas. En su lugar el ovario sintetizará esteroides que estimularán el desarrollo de los caracteres sexuales de la hembra. Tanto la glándula androgénica como el ovario se ve influenciado por el ganglio torácico (el cerebro) para la maduración sexual.

Sin embargo la experimentación ha demostrado que si se implantan las glándulas androgénicas estas hembras se transforman en machos. Si el complejo neurosecretor del órgano X es extirpado las mudas y la maduración sexual aparecen de forma prematura en los individuos de ambos sexos. En otros experimentos se ha observado que si se cauteriza la región media del protocerebro los testículos degeneran y los machos no se desarrollan correctamente. Los machos ablacionados pierden parte del control hormonal y acaban con testículos más grandes y copulando con mayor frecuencia.

Tras la madurez sexual las hembras sueltan al agua una feromona que estimula al macho para que empiece el cortejo cuando la hembra está receptiva.

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