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Radiación visible: efectos sobre los seres vivos

Publicado por Victoria González

La radiación visible o fotosintéticamente activa (RFA o PAR) es aquella cuya longitud de onda está entre los 360 y los 760 nanómetros. Aproximadamente un 45 % de la radiación que llega a la Tierra es radiación visible.

Formas de medirla:
A. En función de la cantidad de energía que va asociada a ella. Este criterio no se usa demasiado ya que no da idea del efecto sobre los seres vivos.
B. En términos del número de paquetes discretos de radiación que inciden sobre una sustancia:
– Fotón: corpúsculos asociados a la radiación. Medimos en número de fotones.
– Cuanto: es la cantidad de energía asociada a un fotón.
– Como el fotón es muy pequeño, se utiliza como unidad el Einstein, que equivale a 6,02 * 10-23 fotones, es decir, un mol de fotones. Por ejemplo, el PAR que llega en un día soleado al mediodía es de unos 2.000 micromoles por metro cuadrado y por segundo.

El efecto fotoeléctrico es la base de la visión

La radiación visible lleva asociada una cantidad intermedia de energía. Cuando se irradia un átomo, un electrón cambia de órbita y queda activado. Al volver a su órbita normal se desprende la energía inicialmente absorbida. Esta es la base del efecto fotoeléctrico: se puede aprovechar de forma controlada la energía absorbida. Este efecto es el que emplean los seres vivos en la visión. Los pigmentos que absorben la radiación solar producen la descarga de energía. Estos pigmentos suelen ser de tipo carotenoide.

Los efectos sobre los seres vivos de la radiación visible se clasifican en: fotocinesis, fototropismo y fotoperiodicidad:
– Fotocinesis: es el efecto directo de la radiación visible sobre la actividad de los organismos. Puede ser positivo o negativo.
– Fototropismo: orientación del crecimiento de las plantas en función de la orientación de la luz. Es positivo en el tallo y negativo en la raíz.
– Fotoperiodicidad: sincronización de las actividades de los organismos en función del fotoperiodo diario. En los climas templados, este fotoperiodo va cambiando a lo largo del año. En muchas especies, la reproducción solo tiene lugar en una determinada época. Para ello, deben tener algún estímulo, una guía externa que les oriente. La temperatura es muy variable, sin embargo la duración del fotoperiodo sí que es una forma eficaz de avisar cuando es el momento apropiado para llevar a cabo las actividades reproductoras.

Casi todas las especies cambian su actividad a los largo del día reguladas por la luz: tienen ritmos circadianos, que duran 24 horas. Muchos científicos se han preguntado si los organismos vivos han desarrollado una especie de “reloj biológico” que les permite regular sus actividades incluso en ausencia de luz, o si bien dependen de la luz detectada por sus sensores. En experimento con la ardilla nocturna del género Glaucomys, los investigadores observaron que, en ausencia total de luz durante las 24 horas del día, las ardillas mantenían un ciclo de 12 horas de actividad y 12 de reposo. Sin embargo, al no tener a la luz como guía, dicho ciclo se iba retrasando con respecto a la hora solar. Es decir, ambas hipótesis eran ciertas.

A nivel ecológico, otros efectos importantes de la luz visible sobre los seres vivos son la fotosíntesis, proceso por el que los autótrofos fijan la energía procedente del sol y la transforman en materia orgánica; y la visión, anteriormente comentada.

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