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La importancia del aire y del viento en los seres vivos

Publicado por Ramón Contreras

Si decimos que los seres vivos dependen de condiciones concretas de temperatura o humedad para vivir no parece descabellado, pero si dijéramos que también dependen del aire o del viento a lo mejor podría pensarse que hemos empezado a desvariar. Sin embargo, la mayoría de los seres vivos tienen unas condiciones atmosféricas predilectas. El grupo más reconocido al respecto son las plantas. Es muy frecuente hablar de grupos de plantas, especies o géneros que viven exclusivamente en las montañas o a nivel de mar. Todos los seres vivos, incluyendo los marinos, viven en rangos de altitud más o menos definidos. Mientras que algunas especies no viven en más de unos cuantos centenares de metros de altura, otros son capaces de adaptarse a rangos del orden de kilómetros.

El viento se produce cuando las moléculas de los gases de una área se calientan o enfrían en comparación con los de sus zonas colindantes. Las diferencias en energía son lo que producirá el movimiento más o menos rápido de estas moléculas, a lo que en su conjunto llamamos viento. El viento interviene en la formación de los climas, interviniendo en la humedad de una región o en las temperaturas. Pero también tiene ciertas implicaciones directas sobre la vida cotidiana de los seres vivos que vamos a comentar a continuación.

La concentración de gases en el medio, ya sea la atmósfera o el mar, es fundamental para determinar los seres que viven a una determinada altitud o profundidad. Además de ello, la presión atmosférica o marina juega un papel importante en las condiciones de vida. Bajo el mar tal vez sea más llamativo porque con tan solo 10 metros la presión aumenta en una atmósfera. Mientras que sobre el nivel del mar para todo lo contrario, a medida que vamos subiendo la atmósfera se hace más tenue y liviana. Cada vez hay menos moléculas de gases y los seres vivos deben adaptarse para captar las que tienen con mayor eficacia. Tanto la fotosíntesis como la respiración requieren la captura de moléculas del aire, a mayor altura esto se hace más difícil por lo que los animales y las plantas tienen sistemas más eficientes de captación de oxígeno y dióxido de carbono respectivamente que sus contrapartidas de las tierras bajas.

Las moléculas se acumulan principalmente en los mil metros por encima del nivel del mar. A partir de esa altura van siendo cada vez menos. Uno de los efectos colaterales de ello es que los vientos pueden ir más deprisa pero al mover menos partículas tampoco ejercen la misma presión sobre los objetos. Es decir, un viento a 5.000 metros de altura se notará menos que a 1.000. Esto también influirá en los seres que viven a diferentes alturas. Muchas plantas dispersas sus semillas mediante el viento, por lo que las plantas de cierta altura no pueden hacer semillas muy pesadas si quieren que las moléculas del aire las empujen hasta otro lugar. Por su parte todos los animales voladores, al estar a cierta altura tendrán menos moléculas de aire bajo sus alas para sustentarlos, por lo que deberán aprovechar las corrientes ascendentes de aire (cargadas de moléculas de gases) para tomar altura y modificar sus alas aumentando su extensión para sostenerse en el aire.

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