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Las legumbres y la rotación de cultivos ayudan a la biodiversidad

Publicado por Ramón Contreras

Las legumbres son un alimento muy completo. Su alto contenido calórico, la variedad y la calidad de los nutrientes que contienen hacen de ellas uno de los indispensables de cualquier dieta equilibrada. De hecho, son obligatorios en la mayoría de dietas vegetarianas que no quieren tener que complementarse de forma artificial con pastillas o batidos de polvos. La riqueza de sus especies (judías, lentejas, garbanzos, guisantes, etc.) y la multitud de platos en los que pueden usarse todo el año facilitan su uso. Pero hoy queremos hablar de otro beneficio de las leguminosas no relacionado con la alimentación.

A nivel ecológico las legumbres son parte fundamental de una agricultura sostenible y equilibrada con la naturaleza. Ya hemos hablado alguna vez de las leguminosas como fijadoras de nitrógeno, y es que la formación de las proteínas vegetales consume este compuesto del suelo. Por suerte, si se hacen rotar los cultivos con legumbres cada cierto tiempo la cantidad de nitrógeno en el suelo no disminuye y por lo tanto no disminuye la capacidad de otros cultivos para generar sus propias proteínas.

Las leguminosas son capaces de atrapar el nitrógeno atmosférico, en forma N2 comúnmente usado como gas inerte. En realidad las encargadas de la fijación del nitrógeno son las bacterias que viven en simbiosis con las raíces de la leguminosas (especies de los géneros Rhizobium y Bradyrhizobium). Pero este tándem permite pasar de un gas inerte a tener el suelo fertilizado sin necesidad de abonar. Además, las algunas leguminosas liberan al suelo fósforo, por lo que el terreno tras su paso queda preparado para otros cultivos como el maíz.

La gran variedad de leguminosas y de subespecies y variedades locales permite que este tipo de cultivos se puedan dar en gran diversidad de ambientes, por lo que son una alternativa interesante a la agricultura intensiva. Será esta gran biodiversidad la que en el futuro permitirá adaptar estos cultivos tan beneficiosos a los cambios climáticos que se avecinan. En este aspecto se ha visto que los monocultivos intensivos son los más afectados por los avatares climatológicos, puesto que se “juegan” toda la produccióne a un único producto.

Finalmente, las leguminosas tienen otro aporte “extra” a la biodiversidad. Las comunidades bacterianas de campos con rotación de cultivos son más ricas en biodiversidad y en masa (número de habitantes). Permiten que viva una variedad más amplia de especies bacterias. Se ha comprobado que esto protege mejor a las plantas de posibles patógenos bacterianos puesto que tienen que competir con muchas mas bacterias para colonizar la planta. Las bacterias fijadoras de nitrógeno son grandes formadoras de suelo fértil y permitirán que otros habitantes del subsuelo regresen. Así, ayudan a mantener un ecosistema complejo y funcional. Por otro lado, unos campos con rotación de cultivos permiten que la fauna que los coloniza: insectos polinizadores, pequeños vertebrados, etc. sea más rica. La dieta variada que ofrecen los cultivos rotativos puede permitir sobrevivir a mayor número de especies que no los cultivos intensivos que carecerían de todos los nutrientes de una dieta equilibrada en los animales.

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