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Porqué debes abonar o plantar con micorrizas

Publicado por Ramón Contreras

Que los hongos y las plantas se relacionan debajo de la tierra es algo que sabemos hace cientos de años. Muchas setas solo aparecen en suelos con determinados bosques, ya sea con alcornoques, con encinas, robles, etc. Pero hay una serie de hongos comestibles, y otros muchos no comestibles, que han evolucionado de forma conjunta con especies concretas de plantas (árboles o hierbas) para mejorar las condiciones de vida de ambos. Este tipo de relaciones en ecología se denominan mutualismo y son mucho más comunes de lo que pensábamos en el mundo vegetal. La rotación de cultivos es tal vez una de las formas intuitivas más antiguas de reconocer la existencia de las micorrizas. La humanidad aprendió hace mucho que plantando unas plantas el suelo ganaba unos nutrientes que otras después podían utilizar. Esto es gracias a que las leguminosas (las primeras de la rotación de cultivos) se asocian con hongos y bacterias que enriquecen el suelo en nitrógeno. Así cuando plantas el siguiente cultivo puedes sembrar plantas que requieran una alta concentración de nitratos sin necesidad de usar abonos.

Muchas plantas tienen micorrizas de forma natural

Las micorrizas son una relación simbiótica entre una planta y un hongo o bacteria. Ambos se ven beneficiados por esta colaboración, tanto que en ocasiones se ha vuelto indispensable para que las especies vivan. Hemos nombrado el nitrógeno, pero también el fósforo, el agua, el magnesio u otros microelementos son los que proporciona el hongo o bacteria a la relación. Por su parte la planta aporta moléculas complejas que sirven de sustento a su acompañante. Gracias a la labor de sus acompañantes las raíces de las plantas pueden crecer más y más rápidamente, además de que se ven protegidas frente a infecciones y todo tipo de ataques biológicos, puesto que ya están siendo colonizadas por un ser vivo. Otros efectos beneficiosos que se han observado de la interacción son la limitación en la absorción de metales pesados como el cadmio, que quedan en el hongo y no pasan al vegetal y por consiguiente no pasan a los frutos comestibles. También intervienen favorablemente en la formación de suelo. Esto es importante no solo para la planta que convive con la microrriza sino para todo el ecosistema que se desarrollará en ese suelo.

Las micorrizas pueden ser ectomicorrizas, si la relación se lleva a cabo en el exterior de la planta. Las bacterias y hongos se ponen alrededor de las raíces formando una capa o penetran en el interior de las raíces pero se quedan en el espacio intercelular. Pero también encontramos micorrizas endomicorrizas, en este tipo de relación los organismos acompañantes se encuentran directamente dentro de la raíz, dentro de las células vegetales. En este caso los acompañantes suelen deformar las raíces que se amoldan para darles sitio donde desarrollarse y crecer. Este segundo tipo de interacción es el más observado, siendo el 80% de las micorrizas conocidas.

Es por todas estas ventajas que en la actualidad muchas veces se abona con micorrizas o se planta directamente con micorrizas. De esta manera la planta tiene una barrera extra frente al medio hostil de un nuevo suelo y cuenta con una ayuda para empezar a colonizar el suelo.