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Los dientes

Publicado por Ramón Contreras

Los dientes son unas estructuras orgánicas que la mayoría de animales poseen en la boca cuya función principal es la rotura mecánica del alimento para facilitar su digestión y de forma secundaria ayudan a la fonación, la expresión facial y a la estética del rostro. Estos órganos están anclados a los huesos maxilares de la cara y en la mandíbula (en los animales mandibulados). Dependiendo de su posición dentro de la boca y la especie animal, los dientes tienen diferentes funciones dentro de la masticación, los incisivos cortan el alimento, los molares lo trituran y los caninos desgarran los grandes trozos.

En los mamíferos existen dos denticiones la primaria o de leche (lee más de ella aquí, próximamente) y la definitiva, aunque otros grupos de vertebrados pueden llegar a tener una reposición constante de dientes, como es el caso de los tiburones. En las aves la mandíbula y la dentición han evolucionado para dar lugar a una estructura única y rígida, el pico. Los dientes tienen cierta movilidad dentro del hueso, por lo que se considera que son piezas articuladas, aunque su articulación, de tipo fibrosa es especial, recibiendo el nombre de gonfosis. Esta articulación permite el movimiento de compresión, para evitar la presión excesiva de los dientes y la mandíbula al masticar.

Los dientes están compuestos principalmente por 3 capas de tejido: el esmalte, la dentina y la pulpa. De la dentina y el esmalte puedes leer más en sus propios artículos (próximamente). El esmalte y la dentina están mineralizados (de hidroxiapatita) y empiezan a formarse dentro del embrión. Los dientes tienen dos zonas diferenciadas, la corona, que es toda la parte del diente que da al interior de la boca, y la raíz que se encuentra dentro de la encía, incrustada en el proceso alveolar. La zona de unión entre ellas se denomina cuello y se encuentra en zona donde la encía empieza a cubrir al diente.

La pulpa dentaria es un tejido esponjoso de origen mesodérmico irrigado por el sistema circulatorio y el sistema nervioso, la pulpa mantiene el diente, puesto que transporta los nutrientes necesarios para las células de la dentina se nutran para su mantenimiento y reparación; además la pulpa permite la entrada de las defensas del sistema inmune en los dientes y es donde se aloja la capacidad sensitiva de los mismos.

La unión entre el hueso y el diente es muy especial. Desde el diente hasta el hueso alveolar, parte del hueso de la mandíbula o el maxilar donde se alojan los dientes, existen una serie de tejidos que ayudan a la correcta inserción y sujeción del diente. En conjunto se denominan tejidos periodontales o peridonto, estos tejidos son la encía, que rodea el cuello del diente y cubre el hueso alveolar. El ligamento periodontal, un tejido conjuntivo que rodea al diente dentro de la encía y lo mantiene unido a la vez que disminuye la resistencia a los impactos. Y finalmente el cemento radicular, un tejido conectivo mineralizado que recubre la dentina de la raíz del diente y evita el desgaste fisiológico y permite la inserción de las fibras de la encía.

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