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Los macroinvertebrados como bioindicadores

Publicado por Victoria González

Los macroinvertebrados bentónicos constituyen un grupo de organismos que habita los sustratos sumergidos de los medios acuáticos: ríos, litorales, lagos y humedales.Está formado principalmente por artrópodos y también se incluyen briozoos, celentéreos, hirudíneos, moluscos, platelmintos y oligoquetos. Su importancia radica no sólo en su abundancia, sino también en que ocupan una posición central de gran importancia en el flujo de energía de los ecosistemas fluviales.

El éxito de estos organismos como bioindicadores de la calidad del agua se debe fundamentalmente a su tamaño relativamente grande – se ven a simple vista-, y a que su muestreo es fácil y no requiere equipos muy costosos. Además, poseen una escasa capacidad de movimiento por lo que están directamente afectados por las sustancias vertidas en las aguas y tienen un ciclo de vida largo en comparación con otros organismos, lo que permite estudiar los cambios ocurridos durante extensos periodos de tiempo. Así mismo, presentan una diversidad tal que ofrecen una gama casi ilimitada de tolerancia frente a diferentes alteraciones del medio.

Los invertebrados bentónicos sirven para alertar de diferentes presiones ambientales.
Tipos de presiones:
Presiones fisicoquímicas debidas a:
– Contaminación térmica.
– Presencia de contaminantes orgánicos.
– Cambios en la composición de los minerales del agua.
– Eutrofización.
– Contaminación debida a la presencia de metales y otros agentes.

Presiones hidromorfológicas debidas a:
– Cambios en la tasa de renovación del caudal
– Cambios en la morfología del fondo.

Tanto la riqueza como la diversidad de especies nos ofrecen pistas sobre el estado de las aguas. Por ejemplo, el índice de diversidad de Shanon-Weaver se calcula a partir del número de individuos de cada especie en comparación con el número de individuos totales. Se considera que valores próximos a 4 indican la existencia de ecosistemas altamente diversos y evolucionados. Para poder hacer una aproximación a la relación entre la diversidad y la calidad de las aguas, debe tenerse en cuenta que en medios contaminados la capacidad de resistencia se reduce a pocas especies, mientras que en medios limpios es posible la creación de complejas redes entre una gran variedad de organismos. Por tanto, se pueden hacer una aproximación al estado de las aguas y el valor del índice: valores superiores a 3 implicarían aguas limpias, valores entre 1 y 3 aguas más o menos contaminadas, y los inferiores a 1, aguas muy contaminadas.

Otro índice usado frecuentemente es el de Berger-Parker, que es indicador de polución orgánica, degradación en la morfología del río y degradación general. Se calcula a partir del número de individuos de la especie o taxón más abundante.

Otra información a tener en cuenta es la estructura trófica de la comunidad de macroinvertebrados. Analizando las relaciones alimentarias entre los distintos componentes de la biocenosis, se podrán analizar las características básicas de la comunidad desde un punto de vista trófico. En las biocenosis fluviales la estructura alimentaria comprende, en correspondencia con la generalidad de ecosistemas, dos niveles tróficos: productores y consumidores. Dependientes tróficamente de los productores, los consumidores se organizan en relación a aquéllos, en dos niveles: consumidores primarios o fitófagos y consumidores secundarios. Los primeros basan su alimentación directamente en los organismos autótrofos, dependiendo de otros heterótrofos los organismos de la segunda categoría.

Para englobar a las familias en grupos tróficos, se tiene en cuenta el hábito alimentario de las especies mayoritarias de la familia. Se distinguen los siguientes grupos tróficos:
Desmenuzadores: invertebrados que se alimentan de restos vegetales en descomposición: hojas, ramas, raíces, etc. Dichos restos proceden generalmente de la vegetación de ribera. Este grupo reduce la materia orgánica gruesa a partículas más finas que son utilizadas por otros invertebrados.
Recolectores: las pequeñas partículas orgánicas que se depositan en el fondo son su principal fuente de alimentación.
Filtradores: se alimentan de partículas orgánicas en suspensión.
Para poder capturar estas partículas, que suelen tener menos de 1 milímetro de diámetro, estos grupos han desarrollado adaptaciones. Un ejemplo son las pre-mandíbulas cuyos filamentos de pequeñas dimensiones retienen las partículas en suspensión. Otros animales desarrollan la estrategia de tejer redes para retener las partículas.
Raspadores y ramoneadores: las algas microscópicas, bacterias y hongos que forman el perifiton son su fuente de alimento. Este se encuentra en zonas que reciben luz suficiente.
Parásitos: se alimentan por medio de otras especies.
Depredadores: se alimentan de otros invertebrados, de larvas de peces e incluso de renacuajos. Para cazar animales vivos hay distintos métodos: algunos buscan activamente, como es el caso de las planarias. Estos animales se deslizan por el lecho del río e inmovilizan a sus presas con neurotoxinas. Otras especies depredan al acecho: las ninfas de algunas libélulas se entierran y son capaces de detectar el movimiento en la superficie. Cuando esto sucede proyectan su mandíbula hacia fuera y capturan a su presa.

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