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Teoría de la selección clonal

Publicado por Victoria González

La teoría de la selección clonal establece que cualquier linfocito B o T capaz de reaccionar frente a un antígeno posee una especificidad única, es decir, posee en su superficie un receptor específico de antígeno. Cuando el linfocito es estimulado por un antígeno específico, se divide y fabrica una copia o clon de sí mismo.

Frotis sanguíneo con linfocitos

La primera etapa es la diferenciación independiente del antígeno: en la médula ósea hay una célula indiferenciada que se va a transformar en linfocito B en la médula ósea. En la célula se producen todas las combinaciones posibles de genes, y al final se obtiene un linfocito inespecífico que tiene en su superficie inmunoglobulinas M y D. Como estas combinaciones pueden reconocer en principio a cualquier molécula, en principio también pueden reconocer a las propias. Debido a esto se produce el aborto clonal: se destruyen los clones de linfocito B que reconocen moléculas propias.

Cuando llega el antígeno se produce la segunda fase del proceso: la diferenciación dependiente de antígeno. Cuando llega el antígeno, se unirá a los linfocitos más afines a través de sus determinantes antigénicos.
Estos linfocitos producen células plasmáticas, con muchos ribosomas y retículo endoplasmático. En unos cinco días se producen ocho generaciones celulares. Además, cada clon secreta un anticuerpo diferente: todos son inmunoglobulinas M, pero al menos la región variable es diferente. Además, los linfocitos producen más linfocitos B del mismo tipo, que se quedan como células de memoria, de forma que al entrar en contacto con el antígeno por segunda vez ya habrá más linfocitos para responder. En resumen, se tienen todas las posibles combinaciones y se replican solo los linfocitos que tienen capacidad de respuesta frente al antígeno que llega.

¿Cómo se miden las reacciones antígeno-anticuerpo? Su unión suele dar una molécula soluble, y en conjunto forman una malla que precipita. Para ver esta reacción en el laboratorio se usa el test de Ouchterlong. Para ello, en un porta se pone un poco de agar, y se hace una hendidura en la que se pone el antígeno. Y otra hendidura se pone el anticuerpo. De acuerdo con sus características de solubilidad, antígeno y anticuerpo difunden, y en algún lugar de la placa se encuentran y se ve una raya blanca: zona de equivalencia. Si no reaccionan, esta línea no se produce. Además, según las líneas que se formen se puede ver el grado de especificidad de la reacción. Por otro lado, además de ensayos cualitativos como el test de Ouchterlong, se requieren ensayos de tipo cuantitativo. Por ejemplo, se ponen diferentes cantidades de antígeno y anticuerpo y se mide el halo de la reacción, o se emplea la electroforesis en puente: se pone en una placa una cantidad conocida de antígeno, y distintas concentraciones de anticuerpo para ir midiendo la reacción.

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