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Vasodilatación

Publicado por Ramón Contreras

El sistema circulatorio de los animales ha de ser capaz de adaptarse a cambios temporales de las condiciones externas. Como por ejemplo el aumento en la demanda de oxígeno o nutrientes en situaciones de esfuerzo o como respuesta a una bajada de las temperaturas para minimizar las pérdidas de calor. El proceso mediante el cual las venas y arterias que forman el sistema circulatorio son capaces de aumentar su flujo, se denomina vasodilatación. De forma contraria cuando se reduce el flujo se produce vasoconstricción. Ambos procesos son reflejos, es decir, no se tiene consciencia de ellos y el cuerpo los toma automáticamente en respuesta a estímulos exteriores e interiores. La luz de los vasos sanguíneos, su interior, puede modificarse a consecuencia de señales nerviosas que llegan al músculo desde el sistema nervioso autónomo o desde la misma sangre mediante receptores hormonales, como la histamina, de péptidos, como la bradiquinina, la sustancia P o el péptido intestinal vasoactivo, u otros compuestos, como el óxido nítrico. Existen fármacos capaces de alterar el flujo de los vasos sanguíneos, mediante la intervención en alguno de estos procesos.

Todos los vasos del cuerpo de los animales son flexibles. Una de las capas del tejido está formada por musculo liso, esta musculatura involuntaria tiene la capacidad de contraerse o relajarse. Cuando el musculo liso de un vaso sanguíneo se relaja aumenta el volumen interior del vaso y por lo tanto el flujo del vaso aumenta. La respuesta de vasodilatación no suele ser general, sino todo lo contrario muy específica de tejidos u órganos concretos. Es decir, no todo los vasos se dilatan al mismo tiempo, sino que suele compensarse la vasodilatación de ciertas regiones con la vasoconstricción de otras para mantener la presión sanguínea necesaria para hacer circular la sangre, puesto que la vasodilatación va acompañada de una disminución de presión sanguínea. En los propios vasos sanguíneos existen receptores de presión, baroreceptores, que informan al sistema central sobre el estado de la presión sanguínea para dilatar o constreñir los vasos sanguíneos para mantener la presión estable independientemente de la postura del cuerpo.

La vasodilatación interviene en dos procesos principalmente, la regulación de la temperatura y el aumento del flujo de sangre que llega a un órgano o tejido. La sangre es el medio en el que viajan tanto el oxígeno como los nutrientes que son necesarios para el mantenimiento y actividad de los tejidos y órganos, cuando un tejido es sometido a un trabajo continuado, como por ejemplo los músculos en una carrera, éstos consumen oxigeno y nutrientes a una velocidad mayor que cuando están en reposo, en estas circunstancias el flujo sanguíneo debe ser mayor para permitir la llegada de ambos componentes en cantidades mayores. De forma similar durante la digestión el sistema digestivo está más activo y necesita un mayor aporte, pero no solo eso, la vasodilatación ayuda también a aumentar la absorción de nutrientes que pasan del intestino a la sangre para ser incorporados al cuerpo.

Cuando debido al esfuerzo físico o a la temperatura externa la temperatura interna aumenta el hipotálamo envía señales hormonales que estimulan la vasodilatación en la superficie del cuerpo. Este fenómeno es indispensable para que las glándulas sudoríparas se pongan en funcionamiento y produzcan sudor para disipar el calor.

Lee más sobre el control del flujo sanguíneo en el artículo que le dedicamos a la vasoconstricción en su propio artículo aquí (próximamente).

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