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Huella de carbono

Publicado por Ramón Contreras

Tras la revolución industrial y el inicio de la quema de carbón y posteriormente de derivados de petróleo la humanidad ha aumentado sus emisiones de CO2 a la atmósfera. Pero no solo con estas prácticas se está cambiando la concentración atmosférica, el aumento de la ganadería, bovina y porcina, que alimentan a una humanidad en constante expansión, son unos de los principales emisores de CO2 a la atmosfera.

La emisión masiva de CO2 a la atmosfera ha llevado a los estudiosos de la ecología y la conservación a plantearse cómo afecta a nivel mundial la contaminación que se vierte diariamente. El CO2 es un gas con efecto invernadero, que aumenta la temperatura de la atmosfera y además es capaz de romper los enlaces del O3, degradando la capa de ozono que protege a la Tierra de las ondas solares más dañinas.

La huella de carbono se calcula como la suma de todos los gases de efecto invernadero que se emiten directa o indirectamente por un individuo, empresa, país, etc. De esta manera se puede calcular el impacto de un individuo en el efecto invernadero producido por estos gases. Las empresas pueden solicitar un estudio anual de su huella de carbono, en la que se incluyen sus emisiones directas, las emisiones indirectas debido a la energía que consumen y las emisiones indirectas derivadas de la compra de material o servicios a otras empresas.

Evidentemente la huella de los individuos cambia con cada país y región. Para calcularla se pueden emplear varias fórmulas para convertir los kilómetros que se desplaza una persona en transporte (avión, coche, metro, etc.), y luego una parte de sus facturas eléctricas y de gas y el consumo de los aparatos eléctricos en el hogar, finalmente hay que añadir los gases invernadero que se producen de la alimentación (recolección, transporte, etc.). Una sencilla búsqueda en internet, “huella de carbono personal” puede llevarnos a algunos calculadores que se pueden emplear.

A nivel internacional se han generado una serie de normativas: ISO 14064, PAS 2050 o GHG Protocol , que regulan la huella de carbono producida por los países y apremia a éstos a que intenten reducirla, sobre todo a los principales productores (EE.UU., China, India o Brasil)En este aspecto algunas ciudades han empezado a legislar sobre el tema. Tras Toronto en Canadá se une Copenhague (Dinamarca) a las ciudades que por ley intentan reducir su huella de carbono. Para ello se obliga a que en las azoteas de todas las casas haya vegetación, con el fin de que capten el CO2 y emitan O2. En Suiza también es obligatorio que las casas de nueva construcción dediquen su azotea a este fin. En ciudad de Méjico aquellos que tienen su azotea verde ven disminuidos sus impuestos.

Además los “techos verdes” tienen otras ventajas asociadas a la vegetación, como la regulación de las temperaturas urbanas (bajándolas en verano y subiéndolas en invierno), la posibilidad de la producción de plantas consumibles, un mejor aislamiento térmico que se reduce en una menor factura o, evidentemente, mejorar el aire de las ciudades puesto que muchos vegetales también pueden retener metales pesados y así disminuir la contaminación producida por los coches.