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Tipos de flores. Partes de la flor.

Publicado por Javier García Calleja

De la misma forma que en el reino animal podemos dis­tinguir entre las más simples formas de vida y las más avanzadas, en el mundo de las plantas con flores pueden establecerse numerosos grupos en función de su grado de evolución y la complejidad de sus estructuras florales. Una de las formas más sencillas de distinguir las estruc­turas de las diferentes flores consiste en analizar su sime­tría.

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La mayoría de las flores tienen simetría radial. Por ejemplo, el berro de prado (Cardamine pratensis) es una de las más hermosas flores primaverales de las praderas. Si giramos la flor en cualquier sentido veremos que no se distingue parte superior, inferior o lateral. Los cuatro pé­talos están dispuestos en un plano y son prácticamente iguales entre sí. Si lo comparamos con una violeta, una ortiga muerta o una alverjana veremos que a éstas sola­mente se las puede contemplar desde un punto. Su plano de simetría va de delante atrás y de arriba abajo. Tienen pétalos y sépalos de diferentes tamaños y formas.

Partes de la flor

Las flores suelen estar situadas en el extremo de un ta­llo propio llamado pedicelo o pedúnculo; si éste falta se dice que la flor es sésil.

El género Ranunculus presenta algunas características bastante primitivas. Tomemos un ranúnculo y observemos sus detalles. El eje central de la flor, en el que se distribuyen el resto de sus órganos, recibe el nombre de receptáculo foral o toro y es en realidad el extremo superior del tallo. Si nos fija­mos en su parte inferior, veremos unos elementos verdes de textura bastante resistente y que parecen pequeñas ho­jas. Son los sépalos, y su conjunto recibe el nombre de cáliz. Tienen la misión de proteger la futura flor antes de que se abra. En la parte superior están los elementos mas evi­dentes, los pétalos, en número de cinco y ligeramente su­perpuestos. En el extremo interno de cada uno de ellos se aprecia una zona más oscura y gruesa, es el nectario.

En el interior del conjunto formado por sépalos y péta­los, que recibe el nombre de periantio, se encuentran los delicados órganos reproductores; los estambres son los ór­ganos masculinos y tienen polen en las anteras. Los carpe­los o pistilos femeninos están formados por un estigma y un ovario. El ovario contiene las semillas sin fecundar y está conectado al estigma por un estilo. Por regla general, cuan­to más primitiva sea la flor tanto mayor será su número de órganos reproductores. En el ranúnculo encontramos gran cantidad de estambres y carpelos individuales. En flores más evolucionadas, como el lirio (Lilium) o el tomate (Solanum), el número de estambres se reduce notablemente y los carpelos se fusionan para dar lugar a un ovario con un determinado número de cavidades o lóculos.

Las disposiciones más complejas las encontramos en la familia de las compuestas, como el diente de león (Taraxacum). Lo que a simple vista parece ser una única flor es en realidad una inflorescencia constituida por una gran can­tidad de flores individuales sésiles y con un solo pétalo.

En las margaritas (Bellis) las flores individuales blan­cas o rosadas rodean las pequeñas flores amarillas del disco central y ejercen una atracción visual. Tanto en el caso de la margarita como en el del diente de león, el con­junto de la inflorescencia está montado sobre un disco y rodeado por unas hojas muy especializadas -que no reci­ben el nombre de sépalos sino el de brácteas- y que cons­tituyen un involucro protector.

Naturalmente, no hay una flor en cada yema. Las ye­mas son los extremos en los que se produce el crecimien­to en longitud o altura, y muchas de ellas son vegetativas y solamente intervienen en el crecimiento de la planta y la producción de hojas.

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